martes 13 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Que la rabia no nos lleve a una cárcel o un cementerio

En promedio, cada hora, las patrullas de la Policía atendieron 20 riñas. El 77% de los homicidios en el área metropolitana son producto de riñas por intolerancia.

Todos por igual terminaron en el mismo lugar. Sin importar si fue la persona que comenzó los insultos o quién reaccionó de forma violenta, ocupan ahora una celda o un espacio en algún cementerio. Sus historias, publicadas en medios de comunicación indignaron, pero tal rechazo no fue suficiente. La espiral de intolerancia no solo se repite una y otra vez en el área metropolitana de Bucaramanga. Aumentó en este último fin de semana. Cambiaron los nombres de quienes figuran en los procesos penales por homicidios o lesiones, y por supuesto, las inscripciones de las lápidas y las familias destrozadas.

Si alguien pregunta ejemplos, son abundantes. Se trata de interminables dramas humanos por la falta de control, o más bien, esa incapacidad para no respetar las opiniones, ideas o actitudes de los demás si no coinciden con las propias. Este tipo de personas, en segundos, pasan de la indignación al grito y los insultos. De la rabia se llega a los golpes, y en medio del acaloramiento se blanden cuchillos, machetes o se disparan armas de fuego. Luego, tarde, se piensa con cabeza fría.

Los santandereanos nos estamos matando. Y lo estamos haciendo por razones estúpidas. Una riña por $200 entre dos limpiavidrios dejó un hombre de 28 años muerto y su agresor en prisión. Un joven de 16 años fue asesinado de un disparo en la cabeza porque, al parecer, le dijo un piropo a una joven que tenía novia. Tres cervezas que un joven de 28 años sacó de una canasta desataron una riña en la que fue asesinado un joven de 24 años. Un hombre de 32 años mató a otro porque se orinó frente a su vivienda. Todos son casos reales y ocurridos en el área metropolitana en los últimos años.

Este fin de semana, según datos del Comando de la Policía Metropolitana, se recibieron 1.260 llamadas relacionadas con casos de riñas por intolerancia. Esta cifra implica un aumento del 23% frente al mismo periodo el año pasado. En estos hechos dos personas perdieron la vida. En promedio, cada hora, las patrullas de la Policía atendieron 20 riñas. Y para complicar más el panorama, el 77% de los homicidios en la región son el resultado de riñas por intolerancia. Estas muertes aumentaron un 29% frente al año pasado. Sí, la cadena sigue y no se detiene.

La intolerancia nos está matando y no hacemos nada. Si bien se debe aumentar la pedagogía y reforzar la seguridad pública, necesitamos más que eso. Se requiere convencernos de que la vida es el bien más valioso que tenemos. Es urgente reafirmarlo desde nuestro hogar, en los salones de clase y reuniones sociales. La tarea es también para las autoridades. Alguien diría que debemos primero convencernos nosotros mismos que no se debe reaccionar con violencia a la violencia, al insulto con otro grito o todos vamos a terminar en el mismo lugar: Una celda o un cementerio.

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