jueves 24 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Recuperar la confianza

no podemos seguir impasibles frente a un debilitamiento tan profundo de las básicas instituciones del orden social, las que desde la cuadra y el barrio deben dar sentido y orientación a la acción del Estado en todos sus niveles.
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Según encuesta recientemente aplicada por el programa ‘Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos’, el 72% de los residentes en el área manifestó que no le interesa ni cree en ninguna entidad cívica, social o comunitaria con la que pudiera relacionarse.

La medición muestra que en la práctica existe total desinterés y desconfianza frente a las Juntas de Acción Comunal, las asociaciones de padres de familia, los clubes deportivos, las agremiaciones recreativas o los sistemas de vigilancia entre vecinos, entre otras tantas formas de organización civil, que son precisamente las vías por las que se dan los primeros pasos de la participación ciudadana en la estructura institucional que fue definida en la Constitución de 1991, un ordenamiento diseñado básicamente para propiciar la acción cívica y encaminarla hacia el funcionamiento mismo del Estado.

Si juzgamos por lo encontrado en la encuesta de nuestra área metropolitana, y es dable pensar que situación similar se presenta en el resto del país, es posible que lo que estemos presenciando sea el fracaso de esa aspiración incluida por el constituyente primario en la Carta Fundamental vigente, por una parte. Además, comprobaría el cansancio de la sociedad con la clase dirigente colombiana que, mediante sus acciones corruptas, excluyentes y mezquinas, ha hecho perder la confianza de los ciudadanos en los espacios de participación de los ciudadanos, pues al final se considera que no son de utilidad.

Lo que debía ser hoy, 28 años después de jurada la nueva Constitución, un país con una democracia plural en la que el concurso de las comunidades mantuviera canales expeditos para hacer realidad desde las más simples hasta las más complejas aspiraciones generales, resulta en todo lo contrario: una comunidad fatigada del clientelismo, el incumplimiento y el abandono tanto de los mismos dirigentes cívicos, como de los políticos y del Estado, que los lleva a la incredulidad, todo lo cual termina por mantener las condiciones favorables para que la corrupción se expanda, valiéndose de este desinterés general por la cosa pública. La encuesta de Cómo Vamos nos deja entonces frente a una realidad que no debe sorprendernos, pero sí preocuparnos en alto grado, pues no podemos seguir impasibles frente a un debilitamiento tan profundo de las básicas instituciones del orden social, las que desde la cuadra y el barrio deben dar sentido y orientación a la acción del Estado en todos sus niveles.

En esta antesala electoral conviene destacar estos asuntos y con ello la importancia que tiene la educación en estas materias de la participación ciudadana que debería ser la cantera de nuevos liderazgos, forjados en la observación de valores que nos permita luchar contra la corrupción como principal endemia de nuestra sociedad.

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