jueves 14 de febrero de 2019 - 12:00 AM

Redes libres y responsables

Las redes sociales suman tanto a la libertad de expresión como restan a la sana convivencia y al debate juicioso, respetuoso y argumentativo, según lo que estamos viviendo últimamente. El desmán verbal que se observa a diario, especialmente en Twitter y Facebook, hace pensar que si no se educa a los usuarios, las redes pueden sucumbir bajo el peso de la infamia permanente.

En estos últimos días son varios los personajes públicos, funcionarios con responsabilidades medias y altas, que han quedado expuestos ante la opinión pública e incluso han perdido sus cargos, al comprobarse que han usado las redes sociales como vehículos para difundir mensajes injuriosos, racistas, machistas, soeces o humillantes. Además, se están usando estas redes para emitir noticias falsas y mentiras de toda laya.

Así, el asunto toma proporciones más allá de lo comunitario digital o generacional, para convertirse en preocupación general, por cuanto lo que en esas redes está ocurriendo logra afectar de manera protuberante las realidades nacionales.

No conviene a la ya nerviosa convivencia nacional, que se usen canales públicos para, de la peor manera, dirimir diferencias, no le conviene al gobierno contar con personajes que incurran en esta indeseable conducta; no le conviene a la política, como ejercicio democrático, descender un escalón más en el concepto en que se le tiene, máxime cuando nos esperan largos meses de campañas proselitistas a lo largo y ancho del país y, obviamente, no le conviene al periodismo que sus representantes suban al mismo ruedo a confrontar en caliente hechos y opiniones con personajes que, finalmente, se benefician de la confusión y el escándalo.

Así cada vez sea más alto el barullo que se levanta en las redes sociales, se debe mantener la idea de que esos son medios que sirven a la libertad de expresión y por tanto deben defenderse tal y como existen, pero los usuarios deben entender que su mal uso sirve de excusa a quienes quieren condicionarlos o simplemente clausurarlos. La autorregulación, la prudencia, la honestidad y la decencia de cada uno se necesitan para que todos podamos servirnos del beneficio que representan las redes sociales.

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