miércoles 01 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

Reducir los riesgos en la Comuna 14 es una tarea urgente

La ciudad no puede seguir indiferente ante una situación tan evidentemente comprometida y no exigir que se actúe con prontitud y determinación en un problema que involucra la seguridad de miles de personas.
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Que una de las zonas más inestables y con mayor riesgo de desastres en Bucaramanga sea a la vez una de las de mayor crecimiento y densidad demográfica no es simplemente una ironía, sino el resultado de varias décadas de irresponsable permisividad de las administraciones municipales, pero también del abuso de los partidos políticos y de quienes, desde la absoluta ilegalidad, viven del loteo y comercio pirata de inmuebles en las deleznables escarpas de la ciudad. La Comuna 14, que conocemos como Morrorrico, al oriente de la meseta, alberga miles de viviendas construidas la mayoría de ellas sin normas de seguridad, por lo que, en términos realistas, la convierte en una zona altamente peligrosa.

Esto no es una simple expresión, es el dictamen del Servicio Geológico Colombiano, que considera que esa área oriental donde se ubica la Comuna 14 debe ser clasificada de “amenaza muy alta”. Esto, una vez más, pone de relieve una situación que toda la ciudad ha conocido desde siempre, pero a la que persistentemente le ha dado la espalda, porque nunca se ha ignorado que buena parte de los cerros en el oriente y la escarpa en el occidente son terrenos inestables, erosionables y, claramente, inapropiados para adelantar construcciones y, tanto menos, permitir que toda una comunidad, con alta concentración de población ocupe estas tierras y les exija un comportamiento que difícilmente pueden tener.

Según cálculos oficiales, en la zona de Morrorrico hay más de cinco mil viviendas, levantadas de manera irregular, y habitan no menos de 26 mil personas que no solo han incrementado en cantidad descomunal el peso sobre el cerro, sino que lo han excavado para llevar conducciones de servicios públicos, nuevas vías, etc, constituyendo todo esto un peligro creciente para quienes allí se asentaron ante la mirada convenientemente distraída de las autoridades.

La Alcaldía ha anunciado que hará nuevos estudios sobre los múltiples riesgos que implica esta zona de la ciudad, que actualicen los datos con que se cuenta en la actualidad, los cuales tienen ya una década de existencia y no aportan hoy una información confiable a la hora de tomar decisiones sobre las obras, proyectos o estrategias que deben seguirse para enfrentar, reducir y, ojalá, eliminar el inmenso riesgo que corren los habitantes de este sector. La ciudad no puede seguir indiferente ante una situación tan evidentemente comprometida y no exigir que se actúe con prontitud y determinación en un problema que involucra la seguridad de miles de personas.

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