lunes 16 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Reelección blindada

El Congreso de Colombia regresa de su período de mayor inactividad y ya es fácil advertir que su preocupación fundamental será el blindaje de la reelección presidencial, mientras la nación entera esperaría que se dedicara a buscar la forma de proteger la economía de las múltiples acechanzas que depara la crisis mundial, a la cual evidentemente no escapa nuestro país.

No se necesitan dotes adivinatorias para saber qué temas coparán la atención de los 'padres de la patria'. El despliegue de los 'alfiles', como muy acertadamente los ha calificado el diario El Tiempo, la posición enigmática del presidente Uribe al no definirse abiertamente y la necesidad de 'posicionarse' de la mayoría parlamentaria, constituyen indicios claros de que habrá debates inacabables acerca de la conveniencia o no de que 'el mejor presidente de Colombia en mucho tiempo' permanezca en el poder, o de que al menos un discípulo fiel se comprometa a mantener la Seguridad Democrática en su actual volumen; así mismo de presentar la iniciativa reeleccionista en tal forma que la Corte Constitucional no se pueda interponer en el camino que llevaría a la realización plena del actual mandatario y de su inmensa corte de seguidores. ¿Quedará tiempo para analizar algunas otras 'minucias' como la generación de empleo, el combate contra la pobreza, los estímulos a las exportaciones, el régimen tributario de los entes territoriales y un sinnúmero de inquietudes que nos preocupan?

Lo más paradójico es que en forma simultánea 'la casa se estará derrumbando' pues no en otra forma se puede calificar la ocurrencia de fenómenos tan delicados como el aumento desbocado del desempleo, la drástica disminución de las exportaciones y de los giros de los nacionales en el exterior, la peregrinación sin mayores esperanzas del inmenso ejército de desplazados y el justo reclamo de las numerosas familias que seguramente entrarán a formar parte de la pobrería.

No es concebible, ni mucho menos aceptable, que entre las propuestas legislativas del Ejecutivo brillen por su casi total ausencia las iniciativas de tipo económico, ni tampoco el cacareo de las autoridades económicas en el sentido de que el país está blindado ante las amenazas de la crisis mundial. Si bien los pronósticos de crecimiento son ligeramente positivos, a diferencia de muchos países en los cuales se estima que habrá decrecimiento, todos los esfuerzos deberían estar encaminados hacia la superación de tales expectativas y a la planeación de lo que vendrá en los períodos de postcrisis.

No podemos engolosinarnos en aplaudir la solidez de nuestro sistema financiero (fortalecido mediante la explotación inmisericorde del mercado nacional), mientras los problemas en la microeconomía de muchas familias se acrecientan en forma descomunal. La guerra siempre estará mal (por principio) y la economía está en cuidados intensivos, con tendencia a empeorar. ¿Qué haremos?

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