lunes 10 de enero de 2022 - 12:00 AM

Revive la amenaza de la erosión en la meseta de Bucaramanga

El de la erosión es un problema que está ligado a la historia de la ciudad, por lo que debe asumirse con mucha más seriedad, comenzando por recuperar para la ciencia, de las garras de la politiquería, todas las entidades y funciones relacionadas con el medio ambiente.
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Las once viviendas que quedaron a centímetros de derrumbarse, no sólo por una falla en la parte alta de la pantalla anclada que se construyó frente a ellas, en la calle 20 del barrio Nariño, sino por habérsele permitido a algunas personas asentarse en estas zonas de alto riesgo, son apenas una pequeña muestra de un fenómeno que ha ido multiplicándose por miles de casos a lo largo y ancho de las deleznables escarpas de la meseta de Bucaramanga, sobre las que hace ya años se perdió el control y comenzaron nuevamente a desmoronarse ante la mirada impasible de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb.

Para desgracia de las familias que las adquirieron, las casas de la calle 20 comenzaron a partirse y hundirse por efecto, claro está, de los movimientos del suelo frágil sobre el que se levantaron, pero también como consecuencia de años de politiquería y corrupción al interior de la Cdmb que, después de haber sido considerada como la entidad sin la cual, según expertos e historiadores, Bucaramanga hoy llegaría por el occidente sólo hasta una pocas cuadras abajo de la carrera 15, fue transformándose de una institución técnica, reconocida internacionalmente, en un fortín más del clientelismo local.

Hoy, la Cdmb no ofrece ninguna confianza a los bumangueses y solo capta el interés de la clase política en tanto ofrece una burocracia tan nutrida como los presupuestos y facultades para otorgar licencias y firmar contratos que, más que solucionar apremiantes problemas de las comunidades, se destinan a pagar favores políticos y escamotear los recursos del Estado, mientras su función de autoridad ambiental se diluye, sus programas y proyectos se reducen, y crecen las amenazas de toda índole contra el ecosistema del área en general.

El riesgo que corren los residentes del barrio Nariño debe servir a la administración municipal y a la ciudadanía en general para entender que el descuido de factores que degradan nuestro medio ambiente, amenaza directamente a miles de familias que, en muchos casos, simplemente se juegan el azar de vivir en zonas de riesgo, confiando en que no van a sufrir una tragedia. El de la erosión, por ejemplo, es un problema que está ligado a la historia de la ciudad, la pasada y la futura, por lo que debe asumirse con mucha más seriedad, comenzando por recuperar para la ciencia, de las garras de la politiquería, todas las entidades y funciones relacionadas con el medio ambiente.

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