martes 28 de junio de 2022 - 12:00 AM

Se debe legislar sobre espectáculos populares como las corralejas

Este tipo de espectáculos se dan en cientos de municipios colombianos, luego sí es importante que se tomen medidas, legislativas preferiblemente, que lo reglamenten a nivel nacional y que, sin atentar necesariamente contra la tradición, satisfagan y den tranquilidad a todos los participantes.

Las cifras del desastre en la corraleja de El Espinal, Tolima, ocurrido este domingo, se decantaban ayer en el saldo doloroso de cuatro muertos y más de 300 heridos, todos asistentes al espectáculo que para algunos es inaceptable por el peligro que entraña para las personas y el maltrato indecible que sufren los animales, mientras que para otros es una tradición intocable y defienden su realización señalando que una Ley de la República, la 1272 de 2009, declaró a la corraleja de Sincelejo como Patrimonio Cultural de la Nación, en un hecho que, además de insólito, resulta ofensivo por la inmensa tragedia que allí ocurrió.

En efecto, el 20 de enero de 1980 ocurrió en Sincelejo exactamente lo mismo que sucedió este domingo en El Espinal: unas tribunas levantadas con tablas y puntillas, cedieron ante el peso y las oscilaciones de la frágil estructura, solo que en el caso de la capital sucreña el balance de víctimas llegó a cifras que superaron los 500 muertos y el millar de heridos. La corraleja fue suspendida hasta 1999 y nuevamente se canceló desde 2013 hasta enero de este año, en una intermitencia que demuestra la dificultad que representa para una comunidad separarse de sus tradiciones más arraigadas.

Los animalistas, la mayoría de los ciudadanos que conciben el espectáculo como grotesco y peligroso y los líderes de muchos sectores han dicho, luego del suceso en El Espinal, que debe tramitarse una ley que prohíba de plano la realización de este tipo de certámenes en los que el maltrato a los animales es permanente, mientras que el consumo de bebidas alcohólicas y el uso de armas blancas, incluso contra las reses, reducen todo a un escenario para representar la barbarie y aunque esto es cierto, no lo es menos que la gente lo tiene como un valor cultural suyo y está dispuesta a justificarlo y defenderlo como tal.

Todo esto constituye una discusión que debe darse y quizás, como se ha planteado con la fiesta brava y su alternativa de variación sin herir a los toros, se deba proponer una forma sana, segura y alegre de hacer estas fiestas populares sin que tengan que sacrificarse personas o animales. Este tipo de espectáculos se dan en cientos de municipios colombianos, luego sí es importante que se tomen medidas, legislativas preferiblemente, que lo reglamenten a nivel nacional y que, sin atentar necesariamente contra la tradición, satisfagan y den tranquilidad a todos los participantes.

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