viernes 20 de marzo de 2020 - 12:00 AM

Se necesita unidad nacional y liderazgo presidencial

La gente está enfrentando una amenaza cierta y potencialmente letal, y el Presidente no puede, ante esto, guardar largos silencios, desaparecer de la vista de los ciudadanos, tomar decisiones equivocadas o defender interés distinto del general
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La emergencia que vivimos por razón de la pandemia de COVID-19 en nuestro país se proyecta poco menos que catastrófica si continúa el ritmo de contagio que se ha visto hasta ahora. Vivimos una situación que afecta y afectará a todas las personas y sectores del país, y para salir con el menor daño posible de la actual crisis, necesitamos un liderazgo claro, persuasivo, diligente, condiciones estas, entre otras, que seguimos esperando que aparezcan en el Presidente de la República.

Seguimos esperándolo porque, lamentablemente, esto no se ha visto hasta ahora. A pesar de contar con la experiencia que han vivido decenas de países que hace varias semanas estaban en nuestra situación, el presidente Duque se ha visto ambiguo, dubitativo y poco claro en la toma de decisiones que ya probaron su eficacia en otros lugares. El ritmo lento y errático del Gobierno puede tener consecuencias también catastróficas, pues la debilidad del liderazgo presidencial en este momento, podría no solo llevar a la muerte a muchas más personas de las esperadas y a la quiebra a muchas más industrias y negocios de los esperados, sino que podría dejar en situación precaria a la democracia y al mismo Presidente.

No es poco lo que está en juego y no es mucho el tiempo con el que se cuenta para reaccionar adecuadamente, por eso, ante la dilación y ambigüedad de las decisiones presidenciales, algunos alcaldes y gobernadores del país han desoído al mandatario y han continuado autónomamente con sus medidas, según ellos, para asegurarse de proteger debidamente la salud y la vida de sus gobernados. No es un motín, no hay una intención de sublevarse frente al mandatario central, es el resultado de las grietas de liderazgo que mostró Iván Duque y figuras tan polémicas como la nueva ministra Alicia Arango del Interior, cuando se vieron enfrentados a una situación de esta magnitud. El resultado ha sido dividir, en lugar de unir, que es lo primero que debe buscar un líder.

La gente está enfrentando una amenaza cierta y potencialmente letal, y el Presidente no puede, ante esto, guardar largos silencios, desaparecer de la vista de los ciudadanos, tomar decisiones equivocadas o defender interés distinto del general, porque cada una de estas acciones tiene implicaciones de vida o muerte. Hay que recuperar el liderazgo y hay que hacerlo ya: la gravedad de la situación no admite más demoras ni más equivocaciones.

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