lunes 05 de abril de 2010 - 10:00 AM

Se triunfó, pero ¿Sabremos pasar el umbral?

El pasado martes 30 de marzo, con alborozo, Colombia celebró el incuestionable triunfo logrado en los IX Juegos Deportivos Suramericanos que se celebraron en Medellín.

Fue un éxito rotundo su organización, la labor administrativa llevada a cabo tanto por Alicia Eugenia Vargas, como por el equipo de personas que dirigió la realización del certamen, las autoridades deportivas (con el Comité Olímpico Colombiano a la cabeza), el municipio de Medellín, el departamento de Antioquia y quienes lograron que la Nación cooperara para que todo fuera posible. Salvaron, atinadamente, gran cantidad de obstáculos. En año y medio lograron levantar una gran infraestructura deportiva, resolver los problemas financieros, administrativos y de organización que el certamen demandaba, supieron hacer relaciones públicas, 'vender la buena cara de Medellín' y tanto propios como visitantes quedaron felices. De contera, la delegación colombiana ganó las competencias. Es decir, superamos nuestra propia condición humana.

¿Pero eso fue todo? El tiempo demostrará si fue solo un instante de inspiración o supimos pasar el umbral en una exigente tarea que reclama dedicación, disciplina, perseverancia y trabajo coordinado. El desafío es no dejar deteriorar los escenarios e infraestructura construidos a un costo de $ 350 mil millones de pesos, hacer una autoevaluación atinada de aciertos y fallas y competir con otras latitudes en las pujas que con regularidad hay para ser sede de otras competencias deportivas de realce internacional.

Colombia, en su pasado, ha tenido oportunidades para avanzar en esta materia pero ellas han sido desaprovechadas. El precedente más sobresaliente ocurrió cuando Cali fue la sede de los Juegos Panamericanos a comienzos de los años 70 del siglo XX. Urbanísticamente la ciudad se transformó, se levantaron hermosos escenarios deportivos, se adquirió experiencia organizativa, renombre internacional, a grado tal que fue un precedente para que la FIFA eligiera al país como sede del Mundial de Futbol de 1986. Pero el tiempo señaló que éramos inmaduros. Se dejaron deteriorar los costosos escenarios construidos, campeó la desorganización de los dirigentes deportivos y le fallamos ruidosamente al mundo al no ser capaces de organizar la Copa Mundo de Futbol de 1986.

¿Esta vez ocurrirá lo mismo o demostraremos que las cosas son distintas y los dirigentes deportivos y autoridades oficiales hoy tienen más dimensión histórica sobre lo que en adelante se debe hacer?

El tiempo, maestro sin par, señalará si fue solo un instante de inspiración o si hemos adquirido la disciplina, constancia y espíritu de superación que exigen el continente y el mundo a quien anhela organizar competencias de renombre internacional.

Desafortunadamente Bucaramanga y Santander permanecen al margen de tal posibilidad por la incapacidad de nuestros directivos deportivos y por creer, nuestras autoridades políticas locales y regionales, que los institutos de deportes son solo piezas ajustables en el reparto del ponqué burocrático.

 

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