domingo 26 de junio de 2022 - 12:00 AM

Señales de esperanza

Si pensamos que ese primer acercamiento puede abrir uno o varios caminos hacia un proceso real y sincero de reconciliación y paz para todos, habremos dado no un paso cualquiera, sino un paso gigantesco hacia adelante en nuestra historia...

Que el presidente electo, Gustavo Petro, hubiera invitado a Álvaro Uribe a una reunión para hablar de reconciliación nacional era ya una señal muy clara del ánimo sincero del futuro mandatario en busca de esas salidas hacia la paz real, pero fue la respuesta casi inmediata y positiva del expresidente lo que hizo que la noticia tomara dimensiones mucho más importantes y empezara a constituirse en un motivo de gran esperanza para la gran mayoría de los seguidores de ambos líderes, que son, a la luz de los últimos resultados electorales, quienes representan al conjunto de la Nación.

Que el país pueda ver sentados en una mesa al hombre que ha comandado una fuerza electoral decisiva en muchos de los certámenes democráticos de los últimos 20 años, como lo es Álvaro Uribe, con quien es hoy el representante de las mayorías en Colombia, constituye, de hecho, un motivo de gran trascendencia, pero si pensamos que ese primer acercamiento puede abrir uno o varios caminos hacia un proceso real y sincero de reconciliación y paz para todos, habremos dado no un paso cualquiera, sino un paso gigantesco hacia adelante en nuestra historia, que será otra si se superan los motivos de confrontación que nos han definido desde hace más de medio siglo.

Llegar a algunos acuerdos políticos sobre lo fundamental, como lo planteó y lo buscó durante buena parte de su vida Álvaro Gómez Hurtado, podría ser el mejor de los resultados de ese acercamiento entre dos líderes que, luego de enfrentarse en todas las arenas, podrían convertirse en los artífices de unos acuerdos que no solamente versarían sobre los asuntos políticos, sino que podrían alcanzar órbitas tan sensibles y determinantes como las económicas, por ejemplo, en un momento en que el país y el mundo se enfrentan a grandes desafíos en esta materia.

Ojalá la esperanza de la mayoría de los colombianos en este encuentro Petro-Uribe, no se vea empañada por un pobre resultado, ojalá se sienten allí las bases de la reconciliación nacional, sin la cual va a ser muy difícil desarticular esas lógicas de la intolerancia, la violencia y la retaliación que nos han definido en los últimos tiempos y pasemos a una fase en la que pueda expresarse la diversidad ya no como disrupción, sino como aporte a un país múltiple, creativo, productivo y capaz de construir con firmeza, el complejo tejido de la convivencia pacífica.

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