martes 11 de mayo de 2010 - 10:00 AM

Temas que no son temas

Hace pocos días, en este mismo espacio editorial, se analizaba la manera en que lamentablemente, la campaña presidencial ha caído en el pozo de las encuestas.

En otras palabras, se comentaba sobre esa moda malsana que se apoderó de varios medios de comunicación y porciones importantes del electorado, que parecen decididos a manejar su agenda periodística y depositar su voto, contemplando más los números de los sondeos, que las propuestas reales y concretas de los aspirantes al primer cargo del país.

Pues bien, los acontecimientos de los últimos días parecen indicar que ese razonamiento se quedó corto.

Y se quedó corto, porque además de lo que se ha denominado como voto útil, que es aquel que depende enteramente de las encuestas, dentro del poco espacio que dejan las mismas para la reflexión y el razonamiento, parecen surgir otros temas que no deberían serlo.

Es decir, controversias frívolas y discusiones superficiales que se apoderaron de la atención de la opinión pública, a pesar de que no tienen nada qué ver con la elección del mejor de los aspirantes para confiarle las riendas del país durante los próximos cuatro o incluso, ocho años.

Es que además de que poco se han estudiado las propuestas y aún menos las hojas de vida de los postulados, se han planteado otras discusiones como la religión que profesarían algunos de los candidatos, que poco por no decir nada aportan al debate democrático.

Lo mismo ocurre en el terreno de los cambios de los logos y los colores de algunas campañas, que han ocupado páginas en los periódicos y horas en las transmisiones de radio y televisión, en un país con problemas infinitamente más grandes y complejos por resolver.

Y sí, tampoco se puede desconocer que algo se ha hablado de la posición de los candidatos sobre las Farc o el tratamiento que le darían a las tensas y conflictivas relaciones con Venezuela, así en ese tema las posiciones expresadas se hayan caracterizado por las generalidades y las hipótesis.

Sin embargo, un país donde más del 40% de su población es pobre y el 17% vive en condiciones de miseria, al tiempo que el desempleo no da señales de alivio y prácticamente no tiene infraestructura para desarrollarse, debería preocuparse más por el fondo y no por la imagen y las apariencias.

 



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