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Editorial
Sábado 17 de febrero de 2024 - 12:00 PM

Tratando de revivir un muerto

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De los 237 buses que tenía Metrolínea y que ya eran insuficientes para el número de habitantes del área metropolitana, que pasa largamente el millón 100 mil habitantes, hoy sólo quedan 17. Pero, además, este puñado de unidades que aún circulan, lo hacen penosamente, en condiciones técnico mecánicas inadecuadas y peligrosas, y con toda clase de inconvenientes para los contados usuarios que logran subir a uno de estos buses. “Estamos tratando de revivir un muerto”, fue la frase lapidaria del alcalde de Bucaramanga sobre lo que fue el pomposo Sistema Integrado de Transporte Masivo Metropolitano.

Así, de una manera tan cruda, el alcalde Beltrán, tal vez sin quererlo, o precisamente porque así lo entiende, trazó una línea que separa lo que fue una historia vergonzosa, porque Metrolínea puede ser el mayor fracaso de la clase política en toda la historia de Bucaramanga y, por supuesto, del área metropolitana, y lo que debe ser una nueva propuesta para reinventar un verdadero sistema de transporte que se ajuste a las condiciones actuales y futuras de la zona y que responda con vigor financiero a las necesidades reales que hoy están dadas.

Los alcaldes metropolitanos tienen, de una parte, la responsabilidad de hacer bien lo que sus pares de los últimos 20 años hicieron tan mal, pero, además, tienen la obligación legal de garantizar el servicio de transporte a todos los ciudadanos, precisamente porque debe ser público. En otras palabras, mientras se apaga la última luz que queda prendida en el fracasado modelo del SITM, los alcaldes deben decidir si “reviven el muerto”, o dan nacimiento a un nuevo proyecto, pero, al tiempo que cumplen la obligación, taxativa en la ley, de no dejar a los ciudadanos sin el derecho de contar con un servicio de transporte público que satisfaga esa necesidad fundamental.

Llegamos así al momento más oscuro de este largo período de agonía del Sitme y podemos verlo como ese colosal fracaso, o como la oportunidad que tienen los gobernantes metropolitanos, precisamente de romper esa cadena de errores que nos trajo a este momento, y dar surgimiento, con la ayuda ya ofrecida por parte del Gobierno Nacional, a un sistema de transporte sosteniblemente operativo, financieramente eficiente, ecológicamente amigable y socialmente aceptado por una población que hoy está injustamente sometida a sumarse, como usuarios, a la ilegalidad.

Si no se hacen las dos cosas, con urgencia y acierto, es posible que el transporte metropolitano, más pronto que tarde, llegue al punto de no retorno, tomado por completo por la ilegalidad.

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Publicado por Editorial

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