martes 14 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Un amigo difícil

Es necesario insistir en el respeto de la institucionalidad nacional y la soberanía, pues no es aceptable que existan tales presiones sobre los poderes nacionales

Si hay un país latinoamericano leal a los intereses de Estados Unidos, ese es Colombia. A través de los distintos gobiernos, el Estado colombiano ha manifestado ser un aliado del país del norte, con el cual ha existido una estrecha relación, que se ha fortalecido en las últimas décadas, en el marco del Plan Colombia. Entre 2001 y 2016, Estados Unidos ha invertido cerca de 10.000 millones de dólares en Colombia en ayuda militar, y Colombia ha respaldado sus decisiones de política internacional, algunas tan polémicas como la guerra contra Iraq.

Tal apoyo y estrecha relación ha sido ratificado en el gobierno de Iván Duque, que en diversas ocasiones ha manifestado su respaldo a Estados Unidos, hoy en cabeza de Donald Trump.

Por eso, han sido desconcertantes, por decir lo menos, las declaraciones de Trump en contra del gobierno de Iván Duque, a quien acusó de “no hacer nada” para detener el tráfico de drogas a Estados Unidos y lo señaló de ser responsable del incremento del tráfico de estupefacientes a su país.

La sorpresa fue mayor cuando se conoció que el pasado viernes las autoridades de Estados Unidos cancelaron las visas para ingresar a ese país de los magistrados Éyder Patiño, de la Corte Suprema de Justicia, y Diana Fajardo y Antonio José Lizarazo, de la Corte Constitucional.

El hecho ha causado indignación en diversos sectores, pues se considera tal decisión como una presión indebida en el trámite de las Objeciones a la Ley Estatutaria de la JEP. Se esperaba que el gobierno Duque manifestara su inconformidad, pues el Presidente es el jefe del Estado en Colombia, lo que significa que representa a los tres poderes públicos. A pesar de la inconformidad de diversos sectores, el Gobierno Nacional, a través del Ministro de Relaciones Exteriores, afirmó que respeta la soberanía de los Estados y su decisión de “otorgar y retirar visas”, por lo cual no solo respaldó la decisión de Estados Unidos, sino que se alejó de la polémica y dejó a los magistrados de las altas Cortes solos con su lamento.

Por supuesto que se entiende la necesidad de tener buenas relaciones con el Gobierno norteamericano, pero también es cierto que la independencia y soberanía constituyen la esencia de los gobiernos democráticos. Es necesario insistir en el respeto de la institucionalidad nacional y la soberanía, pues no es aceptable que existan tales presiones sobre los poderes nacionales. Ayer se estudiaba la posibilidad de restablecer las visas a los magistrados.

Ningún bien le hacen a las relaciones bilaterales estas situaciones. Los tiempos de las sumisiones de unos gobiernos a otros han quedado desde hace mucho tiempo en el pasado.

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