lunes 02 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Un aparente silencio

Aunque nos parezca extraño, en la semana que acaba de transcurrir, ni las imágenes de televisión, ni los grandes titulares estuvieron copados por la figura del esperanzador Obama, tampoco por la del infaltable presidente Uribe.

Los medios de comunicación se volcaron sobre la pintoresca estampa de Piedad Córdoba, las preocupaciones socioeconómicas, que paralelamente se ventilaban en Davos y Belem, las peripecias de Evo en Bolivia, los diez años de Chávez en el poder, el teleférico que airoso atraviesa las otrora inaccesibles breñas del Chicamocha y hasta por las gambetas de Sherman y compañeros en el sudamericano juvenil de fútbol.

La liberación de seis compatriotas secuestrados por las Farc, respecto de la cual los buenos oficios de la combativa senadora Córdoba y la innegable voluntad del grupo subversivo de propiciar su protagonismo han sido definitivos para que se produzca, llena de satisfacción no sólo a seis familias, sino a todo el pueblo colombiano y hace pensar en que es posible la desactivación de tan abominable crimen.

La crisis económica mundial, con sus secuelas de desempleo y aumento de la pobreza, ha sido analizada desde la óptica de quienes aún defienden los preceptos capitalistas, como también por los detractores de tal modelo económico y de su más conspicua expresión: la globalización.

Así como en el foro Suizo hizo presencia el presidente Uribe, la reunión brasilera contó con la asistencia de los presidentes latinoamericanos de corte izquierdista. Del uno y de la otra se esperan consecuencias benéficas para el maltrecho orden mundial, respecto del cual se vaticinan desajustes significativos y un exiguo crecimiento económico del 0,5%.

No puede ignorarse que Bolivia continúa dividida y que las provincias, donde se asienta el poder económico e industrial, mantendrán un peso muy significativo dentro de la marcha del país andino, a despecho de las reivindicaciones que el presidente Evo Morales ha defendido para sus pares indígenas y cocaleros. En otro espacio del escenario sudamericano, la prolongada duración en el poder, con visos de perpetuidad, del presidente Chávez y la vigencia de la Revolución Bolivariana arrojan luces y sombras sobre el panorama del vecino país, con notable predominio de las últimas.  

Sin embargo, no debemos llamarnos a engaño ante la proliferación de otros acontecimientos, por importantes que ellos sean, el silencio presidencial es aparente y el telón de fondo para el acontecer nacional seguirá siendo la posibilidad de la segunda reelección de Álvaro Uribe como presidente de los colombianos.

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