miércoles 23 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Un derecho no se exige amenazando libertades

No puede aceptarse y menos comprenderse que un conjunto de ciudadanos que sale a la calle en uso de su derecho de protesta arremeta precisamente contra un derecho fundamental, como lo es la libertad de expresión, de opinión y de información...
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En las protestas del pasado lunes en Bucaramanga, sucedió un hecho que si bien no tuvo la espectacularidad que suele colmar los espacios en los medios o las redes sociales, sí contiene un peligroso mensaje de fondo que debemos rechazar con firmeza y vehemencia. Cuando realizaban su trabajo de reportería, los periodistas locales de diferentes medios fueron increpados, amenazados, injuriados por los manifestantes quienes, incluso, intentaron impedir que cumplieran con su trabajo.

El hecho es repudiable, en primer lugar, porque una conducta semejante a la seguida por los marchantes, por efecto de los fenómenos de masas largamente estudiados por la psicología y la sociología, puede resultar en una agresión grupal contra quienes son señalados por algunos como enemigos de los que se manifiestan. Pero, además, no puede aceptarse y menos comprenderse que un conjunto de ciudadanos que sale a la calle en uso de su derecho de protesta arremeta precisamente contra un derecho fundamental, como lo es la libertad de expresión, de opinión y de información.

Arremeter contra la prensa de manera prejuiciosa y gratuita como lo hicieron en la Plaza Cívica quienes marcharon el lunes pasado demuestra una insuficiente base ideológica y, si se quiere, política, que los llevó al sinsentido de marchar por las libertades, mientras atentan contra varias de ellas, incurriendo así en conductas propias de los regímenes más arbitrarios y autoritarios, como es el de tratar de impedir que se cumpla la misión periodística, porque se está en desacuerdo con los contenidos de los medios.

Las libertades son las que propician que se dé el disenso con garantías, que todos puedan expresarse sin ser perseguidos por sus ideas, es decir, quienes atacaron a la prensa desde la marcha desvirtuaron por completo el sentido de su presencia, de sus reclamos y de sus reivindicaciones. No hay que estar de acuerdo con la prensa, lo importante es que podamos debatir sobre el transcurrir diario del país con pluralidad, tolerancia, sin reservas. No es acallando a la prensa como se van a lograr las reivindicaciones sociales que las marchas buscan promover. Por más de 100 años este periódico ha sido estandarte de las libertades y sigue siéndolo y es precisamente ese espíritu el que nos lleva a rechazar actitudes de censura a la prensa, vengan de donde vengan. Usar la fuerza para amedrentar o callar a la prensa es una conducta temeraria y un gravísimo error histórico.

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