martes 01 de diciembre de 2020 - 12:00 AM

Un Diciembre con prudencia: las reuniones familiares aceleran los contagios de COVID-19

Ese loable afán de congregación filial puede ser el mayor peligro al que puedan someter precisamente a los seres que más se quiere honrar.
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En los últimos días, médicos y epidemiólogos de las universidades de Bucaramanga han advertido sobre lo que para ellos son signos de que de la meseta de contagios en que se ubicó la pandemia hace varias semanas, estamos partiendo hacia una acelerada reactivación de los mismos, justamente en el inicio de la temporada de fin de año, que comienza a manifestarse ya en todo su furor, pues, como si fuera un Diciembre normal, las personas están masivamente en la calle, algunos comercios han relajado el cumplimiento de las medidas obligatorias de bioseguridad y las reuniones entre vecinos y familiares son cada vez más frecuentes y menos cuidadosas.

Todo esto quiere decir que en pocas semanas es posible que estemos viviendo una nueva etapa de recrudecimiento de los casos delicados que podrían volver a sobrepasar la capacidad de las Unidades de Cuidados Intensivos del área metropolitana, lo que hará aumentar aceleradamente el número de fallecimientos como consecuencia del COVID-19, algo que nadie desea, pero que ya parece inevitable.Ha pasado recientemente en el municipio santandereano de Málaga, en el que se dio el aumento súbito de casos, según lo certificaron las autoridades, impulsados en gran número por las reuniones familiares realizadas días atrás.

Como se ha documentado en el mundo entero, las reuniones familiares pueden terminar en tragedias, puesto que en caso de ocurrir un contagio en uno de estos encuentros, serán varios los miembros de un mismo núcleo familiar los que se enfermen. En estos casos quienes están más expuestos son las personas de más edad, que suelen ser también las que en estas fechas navideñas motivan la reunión.

Por esta razón es que, ante la segunda ola de contagios, los países europeos empiezan a restringir las reuniones de fin de año a un número mínimo de familiares y estableciendo toques de queda para evitar que las reuniones decembrinas trasciendan el ámbito absolutamente íntimo.

Acompañar a los padres o abuelos en las fiestas de 24 o 31 de diciembre es una tradición que las familias no quieren perder este año, pero, la verdad es que deben pensarlo más detenidamente, porque ese loable afán de congregación filial puede ser el mayor peligro al que puedan someter precisamente a los seres que más quieren honrar. Entonces, por este año, debemos aceptar que la mejor manera de demostrar nuestro amor y dedicación a nuestra familia es protegiéndola. Privilegiemos la sensatez por encima de la emoción de celebrar.

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