domingo 10 de octubre de 2021 - 12:00 AM

Un futuro serio para el Atlético Bucaramanga

La rotación de directores técnicos sin descanso y ahora la decisión de terminar las divisiones inferiores del Atlético Bucaramanga evidencian que no existe un proyecto serio y en el largo plazo con nuestro club local y que su dueño, Óscar Álvarez, no tiene pensado para este equipo un futuro de éxito, de tribunas a reventar y de amor creciente de una hinchada que se multiplica.
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Es cierto, el Atlético Bucaramanga es una empresa privada, y como tal puede manejarse según el criterio que consideren sus propietarios. Pero toda empresa que se emprende lleva inherente el anhelo del éxito, del triunfo, del sobresalir sobre todas las demás semejantes y ser ejemplo.

Por eso, no se entiende cuál es el rumbo y la intención de quienes hoy lideran los destinos de nuestro equipo local. Porque aunque la propiedad accionaria de este equipo no esté en los ciudadanos, si lo está su valor moral, su identidad local, la estima profunda de una hinchada que ha seguido fiel a este Atlético Bucaramanga por más de 70 años. Y es desde esta propiedad del afecto que los bumangueses pedimos claridad sobre los destinos del equipo local.

La rotación de directores técnicos sin descanso y ahora la decisión de terminar las divisiones inferiores del Atlético Bucaramanga evidencian que no existe un proyecto serio y en el largo plazo con nuestro club local y que su dueño, Óscar Álvarez, no tiene pensado para este equipo un futuro de éxito, de tribunas a reventar y de amor creciente de una hinchada que se multiplica. Estos semilleros significan la oportunidad de muchos jóvenes de crecer, de desarrollarse con un proyecto deportivo y de despegar a otras divisiones, hasta culminar un proceso deportivo exitoso. Y esto se acaba de terminar para los jóvenes futbolistas bumangueses.

Cada medida administrativa que se toma en el Atlético Bucaramanga pareciera tener fines contrarios a los que se buscaría con un equipo de fútbol, como si solo se quisiera tener a este equipo para preservar su nombre y sus réditos, pero no para llevarlo por el camino del éxito y el crecimiento deportivo. Si no es así, ¿para qué ser dueño del Atlético Bucaramanga?

Está demostrado en incontables lugares del mundo que un equipo de fútbol local es un elemento de unión entre los ciudadanos, además de un motor económico, pues tras el nombre de un club se mueven también el comercio, la fraternidad y el impulso empresarial.

Bucaramanga quiere a su Atlético, lo ha demostrado por décadas, ahora se necesita que sus directivos quieran también a esta hinchada y trabajen por darle a la ciudad un equipo con un proyecto sólido y real, que permita que el fútbol vuelva a ser ese plan familiar y de ciudad que todos soñamos.

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