jueves 18 de junio de 2009 - 10:00 AM

Un horrendo crimen

Santander, el país e Iberoamérica, zonas geográficas que se habían conmovido hondamente por el secuestro de un niño recién nacido, hecho ocurrido en Piedecuesta, se han estremecido al enterarse de lo que parece ser la verdad real: todo fue una horrenda fábula tramada por la propia madre pues el infante no había sido víctima de un plagio sino de un asesinato en el que tuvo papel protagónico su joven progenitora.

El caso, ampliamente difundido por los medios de comunicación, deja ver que la madre, hoy acusada de la comisión del terrible crimen, actuó ya como consecuencia de trastornos de su personalidad o por causas que serán materia de estudio y diagnóstico de siquiatras, sicólogos y criminalistas. Pero el caso tiene otros ángulos, sobre los que hay más elementos de conocimiento hoy. Sobresalen la respuesta de la comunidad, de los investigadores criminales, las razones personales, familiares, sociales y económicas y los efectos de un acontecimiento como este.

La primera respuesta social está en manos de los investigadores criminales y de los jueces penales, quienes en nombre de la comunidad y del Estado deben establecer suficientemente lo ocurrido, recaudar y valorar las pruebas y dictar sentencia que defina la sanción punitiva imponible a los autores, cómplices y encubridores.

La comunidad piedecuestana, santandereana y colombiana, reaccionó en forma rauda, activa y masiva y en su respuesta y acción primó la solidaridad.

Algo semejante pasó no hace mucho en Chía cuando fue secuestrado y asesinado el menor Luis Santiago Pelayo, crimen en el que curiosamente también intervino uno de los padres del indefenso niño. Queda en el ambiente un interrogante: ¿cómo será la conducta de la comunidad en un futuro ante la denuncia del secuestro de otro menor? ¿Volverá a haber inconformidad activa o su respuesta será pasiva y de aparente indiferencia social?

Ahora bien, en el caso debe haber causas personales y también relacionadas con el entorno familiar y social que irán saliendo a la luz.

Incide en un hecho como este el que amplios sectores de la sociedad colombiana han perdido capacidad económica real en las últimas décadas.

La constante en un alto porcentaje de hogares ha sido el deterioro de sus ingresos dinerarios, lo que  repercute en sus relaciones y entorno familiar, social y de realización personal y tiene la más amplia gama de respuestas, todas desgarradoras.

Los niños son las grandes víctimas de ello por ser el eslabón más débil de la cadena social, pero a la vez el país se percata que el número de delitos en que desgraciadamente intervienen como autores, menores de edad, aumenta.

La familia, núcleo vital de la sociedad, sufre en nuestro tiempo grave enfermedad y exige  más cuidado del Estado. Hay así diversas aristas para mirar en torno a lo que pasó, aspectos que no deben despreciarse al tratar de explicar el caso, aquel en el que el más inocente de los seres fue el cordero del sacrificio. Amarga realidad la colombiana.

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