domingo 02 de mayo de 2021 - 12:00 AM

Un llamado a la calma

Si Colombia sigue en esta espiral de violencia, solo avanzará hacia su propia destrucción y afectación. Ningún camino iniciado por la violencia lleva a buen puerto.
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Lo que ha vivido Colombia en los últimos días no puede sernos indiferente. Ver al país con sus calles llenas de manifestantes y de marchas que, aunque iniciaron de forma pacífica, han terminado en el actuar de vándalos que destrozan todo lo que se cruza a su paso nos muestra que no vamos ni por buen camino ni a buen paso.

La válida indignación ciudadana frente a la reforma tributaria se ha transformado con las horas en una andanada de agresiones y destrucción en distintas partes, de la que nuestras ciudades no han sido ajenas.

La situación más preocupante se da en Cali, en donde hasta anoche se sumaba 10 personas muertas (sin confirmar la cifra total), buses del sistema MIO quemados, varias sucursales bancarias destrozadas y establecimientos saqueados. La misma situación se presentó en Bogotá, donde ayer al anochecer se registraban disturbios y la destrucción de varios CAI y buses, así como graves enfrentamientos entre protestantes y la Policía. Por su parte Bucaramanga, que hasta ayer había mantenido una protesta masiva mayoritariamente pacífica, fue presa de los vándalos que ingresaron a la Universidad Industrial de Santander, bloquearon varias vías, agredieron a uniformados y destruyeron parte de las instalaciones de la universidad, con bombas incendiarias.

Al caer la noche, el balance dado por la Alcaldía de Bucaramanga fue de tres capturados por agredir a servidor público y 15 personas heridas, que se recuperaban anoche en centros asistenciales.

Cuando se esperaba que el presidente Iván Duque se dirigiera al país para informar cuál sería el futuro de la reforma, se ratificó que habrá asistencia militar en las principales ciudades del país. Al no haber posición sobre la reforma, los camioneros anunciaron que hoy se irán a las carreteras del país, para unirse a la protesta.

¿Quién pierde con todo esto? ¿Quiénes son los afectados cada vez que se suspende el transporte público? ¿Quiénes son los directos afectados con la destrucción de las instalaciones de una universidad como la UIS? ¿A quién afecta el cierre de locales y el rompimiento de sus fachadas? ¡Es al ciudadano común al que se agrede!

Si Colombia sigue en esta espiral de violencia, solo avanzará hacia su propia destrucción y afectación. Ningún camino iniciado por la violencia lleva a buen puerto.

El país necesita diálogo y buscar salidas. No puede ser que Colombia se convierta en el escenario de la agresión diaria, del llamado a la destrucción constante, de la protesta que de válida se transforma en vandálica. Necesitamos líderes que busquen el bienestar del país y defiendan la democracia y las instituciones, al tiempo que llaman a la calma y la cordura. Pero se necesitan también ciudadanos conscientes de que su accionar tiene consecuencias y que no permitan que se deslegitimen sus derechos democráticos por el actuar miserable de unos pocos que quieren sumergir a Colombia en un caos permanente. Por favor, un llamado a la calma.

editorial
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