miércoles 26 de junio de 2019 - 12:00 AM

Un nuevo Día sin Carro

Más que un Día sin Carro, lo que necesita el Área Metropolitana son medidas concretas y que en verdad se cumplan para proteger el medio ambiente.
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Llega hoy una nueva jornada de Día sin Carro para Bucaramanga, en cumplimiento de los Acuerdos 037 de 2012 y 006 del 2014, expedidos por el Concejo de Bucaramanga, que institucionalizaron este día en el marco del ‘Día Mundial del Medio Ambiente’. Por eso hoy no podrán circular los vehículos particulares por la capital santandereana.

El panorama será el mismo de años anteriores: las calles se pintarán de amarillo, como consecuencia de los cientos de taxis circulantes; las ventas de los comerciantes se verán impactadas; muchos parqueaderos cerrarán, porque será más costoso abrir por un día en que no tendrán ingresos; los usuarios del transporte público se quejarán por las congestiones, al igual que las estaciones de servicio por la ausencia de clientes, y los taxistas afirmarán que, a pesar de que son los únicos autorizados para circular, el día no fue bueno. Al final, el Área Metropolitana afirmará que los niveles de contaminación en la ciudad bajaron y sin duda se habrá respirado un mejor aire durante la jornada. Será un miércoles con mejor aire y menos ruido.

Por supuesto que toda iniciativa que pretenda mejorar el medio ambiente debe ser bien recibida, pero en el caso del Día sin Carro es más el perjuicio que se causa a la economía local que el beneficio en materia de medio ambiente.

Más que un Día sin Carro, lo que necesita el Área Metropolitana son medidas concretas y que en verdad se cumplan para proteger el medio ambiente. Una de ellas, por ejemplo, es que se hagan efectivas las normas de chatarrización de vehículos, pues hoy circulan por las calles de la ciudad decenas de vehículos que son chimeneas contaminantes, sin que pase nada. A su vez, diferentes industrias contaminan tanto el aire como los afluentes hídricos sin que las autoridades ambientales hagan nada, y ya los habitantes del área nos acostumbramos a los olores ofensivos que infestan la atmósfera local, especialmente en las noches. Y tampoco pasa nada.

De la misma forma, la tala de árboles continúa en el área sin que se obligue a las compensaciones, y los niveles de ruido de los establecimientos se violan incansablemente, sin que se conozca de sellamientos o de decisiones que les pongan fin.

Y ni hablar del reciclaje, donde los avances son mínimos a pesar del impacto ambiental que tiene el mal manejo de basuras por parte del los santandereanos.

Así que la verdadera protección del medio ambiente se dará cuando las autoridades, especialmente la Cdmb, el Área Metropolitana de Bucaramanga, las direcciones de Tránsito y las secretarías del Interior de los diferentes municipios, por citar algunas, hagan cumplir las normas. El resto es un acto mucho más simbólico que efectivo, y con un impacto fuerte en nuestra ya deteriorada economía local.

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