sábado 23 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Un país para no discapacitados

Colombia somete a las personas en estado de discapacidad a ene número de dificultades, trato indigno y discriminación. No es ello un propósito preconcebido, sino que los diversos niveles del Estado, la empresa privada y el sector educativo, no han pensado, debidamente, en este sector de la población. Hasta hace pocas décadas comenzó el país a respetar a tales compatriotas, pero si bien algo se ha hecho para enmendar el sonrojo que produce tal olvido histórico, ha sido insuficiente.

Basta recorrer Bucaramanga para percatarse, que en ella, es casi imposible que una persona que tenga discapacidad física pueda tener aceptable calidad de vida; para ellos todo tiene un grado de dificultad mucho más agudo que para el resto de la comunidad. Los andenes, con dificultad, pueden ser transitados por las personas que tienen plena capacidad de locomoción; para quienes tienen una discapacidad son, metro a metro, una peligrosa y fatal trampa. Por falta de cultura ciudadana, a los discapacitados no se les proporciona acceso preferencial a ascensores y el número de edificios en Bucaramanga ha aumentado intensamente. El acceso a muchos inmuebles se hace a través de escaleras que no tienen facilidades para que los discapacitados entren o salgan. Los automovilistas, taxistas, motociclistas y conductores de vehículos pesados, no facilitan a estas personas el cruzar una vía, pese a que buen porcentaje de las personas que tienen una discapacidad física se hallan en tal condición a causa de accidentes de tránsito y/o son víctimas del conflicto interno armado que desafortunadamente sufrimos hace más de seis décadas.

Gran número de empresas, abierta o encubiertamente, dificultan el ingreso a su planta de personal a personas que sufren una discapacidad. Pocas tienen programas de incorporación de tal grupo poblacional. Hasta hace poco tiempo comenzaron a adecuarse los baños que hay en sitios públicos para que sean usados por ellos.

El país tiene una deuda histórica con las personas en estado de discapacidad y la empresa privada, desafortunadamente, no ha tomado conciencia de que tal grupo poblacional es una fuerza laboral importante, competitiva, que puede hacer grandes aportes a la economía.

Santander tiene más de 100 mil personas en condición de discapacidad; es necesario emprender acciones que tiendan a solucionar los problemas que aquejan a este grupo poblacional.

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