jueves 28 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Un país que quiere volver a la calma

Poco a poco el país empieza a dejar claro que quiere protestar en paz, entendiendo que cada marcha que termina en disturbios, en daños a los bienes públicos, al transporte masivo, a los estable-cimientos comerciales solo impacta al ciudadano del común
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Las últimas marchas que se han realizado en Bucaramanga y la mayoría de las que han ocurrido en el país en los últimos días han dejado ver un ambiente que poco a poco reduce la pugnacidad inicial, tras el paro nacional convocado el 21 de noviembre. Poco a poco el pais comienza a pedir el regreso a la normalidad.

Ese nuevo contexto de las protestas, que ya completan una semana, nos ilusiona con pensar que podremos llegar finalmente a un acuerdo, en un espacio democrático más tolerante, que admite una protesta ciudadana sin violencia,

Nuestros jóvenes, así como las distintas agremiaciones, asociaciones, sindicatos, que se han convocado a las calles a manifestar su inconformidad con el Gobierno han dejado evidencias claras de que quienes originan y desarrollan actos de violencia son una minoría, y muchas veces pertenecientes a grupos ajenos a quienes llaman a marchar. Hemos visto noche a noche en Bucaramanga, a grupos numerosos de estudiantes principalmente, que caminan por las calles con tranquilidad y hemos visto a la autoridad acompañándolos, tal como ocurrió con las manifestaciones de ayer hasta el momento de escribir estas líneas.

Poco a poco el país empieza a dejar claro que quiere protestar en paz, entendiendo que cada marcha que termina en disturbios, en daños a los bienes públicos, al transporte masivo, a los establecimientos comerciales, solo impacta de manera directa al ciudadano del común, que es quien se ve afectado de forma principal con que una ciudad se paralice por las marchas. Un país en calma permite que se abran de mejor manera los canales de comunicación entre las partes; sin duda, a medida que la beligerancia decrece, podremos oírnos mejor y podremos esperar los mejores resultados de la conversación nacional que ha propuesto el presidente de la República, Iván Duque.

Con el sonido de las cacerolas y el singular “cacerolazo sinfónico” que se vivió en Bogotá, en el que músicos de la Orquesta Sinfónica y Filarmónica de Bogotá se unieron para protestar con música tras días de tensión, muestran que en esencia este es un país que quiere cambios, pero que no quiere violencia, que quiere conversar y entenderse sin heridos ni muertos de ningún bando que eventualmente puedan estar enfrentados.

Es de esperar que tanto el Gobierno, como los partidos políticos, el Congreso, los dirigentes gremiales y sindicales, todos los grupos cívicos y los ciudadanos del común se sintonicen con el camino que quieren los colombianos, de poder seguir y retomar la calma, sin olvidar las propuestas que buscan un mejor porvenir para todos.

editorial
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