martes 05 de febrero de 2019 - 12:00 AM

Un planeta en riesgo

Terminó la semana pasada en Davos, Suiza, el Foro Económico Mundial, que reúne a la élite política y empresarial del planeta. En el cierre del foro, los líderes advirtieron que hay tres grandes riesgos a los que estará expuesto el mundo en la próxima década: la polarización social, el cambio climático y la desigualdad económica.

El primero de ellos ha llevado a que se extremen los radicalismos en los Gobiernos, aumente la xenofobia e imperen las falsas noticias, cuyas consecuencias aún no terminan de verse. Un ejemplo claro es el Brexit, por el cual, basado en informaciones mentirosas y miedos creados a través de las redes, el Reino Unido votó salir de la Unión Europea, sin que aún se tenga claridad sobre el impacto que esto tendrá en la economía local y mundial. Los cambios medioambientales han llevado al planeta a fenómenos meteorológicos extremos, que amenazan el desarrollo global. Escasez de agua en diversos países, mientras en otros ocurren inundaciones, muestran el cada vez más cambiante clima, lo que afectará la economía mundial. Empresas como Disney han reportado la baja en el número de visitantes a sus parques, como consecuencia de la ola de calor. Pero esto luce diminuto si se piensa en los conflictos, las epidemias y el hambre que la escasez de agua puede causar en el planeta. Si bien el cambio climático es el tema más urgente, los Gobiernos no avanzan en los compromisos en este campo, empezando por Estados Unidos, en cabeza de Donald Trump, un negacionista del calentamiento global.

Y por último, la desigualdad social, evidenciada en el informe de Oxfam, que reveló que el 82% de la riqueza mundial generada durante el 2018 llegó a manos del 1% más rico de la población.

Según este informe, desde el 2010 la riqueza de la élite económica ha crecido en un promedio de 13% al año; seis veces más rápido que los salarios de las personas trabajadoras que apenas han aumentado un promedio anual del 2%.

Esta desigualdad social es dolorosa y preocupante. Por supuesto que no se trata de discutir el modelo económico, pues ha quedado demostrado que el socialismo solo perpetúa la pobreza y destruye la industria y el empleo. Pero evidencia claramente que la redistribución de los impuestos no ha sido equitativa, que la evasión sigue siendo la reina y que la corrupción es uno de los males más profundos del mundo. Este año el panorama en Davos fue sombrío. Hay un larguísimo camino por recorrer.

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