domingo 21 de julio de 2019 - 12:00 AM

Una ciudad sumida en el caos vial

Hoy, diariamente están perdiendo la vida decenas de motociclistas, por ejemplo, víctimas de este caos vial, del mal estado de la vía, de la imprudencia y de la agresividad al volante

Nadie se opone al desarrollo de una región. La construcción de corredores viales y las iniciativas que propendan por una movilidad alternativa son presupuestos necesarios para el crecimiento de las urbes.

Pero eso es una cosa y otra lo que está sucediendo en Bucaramanga y su área metropolitana, donde la construcción de las obras viales y la iniciativa de adelantar el trazado de una ciclorruta están sumiendo a la ciudad en la inmovilidad vial e impactado de manera grave la calidad de vida de los ciudadanos.

Obras como el Intercambiador de Papi Quiero Piña y la construcción de la Paralela TCC Molinos Altos han convertido la movilidad entre Bucaramanga, Floridablanca y Piedecuesta en un verdadero vía crucis diario. Se insiste en que se entiende que estas obras son necesarias. Lo que no se entiende es que no exista ningún tipo de plan de contingencia por parte de las autoridades de Tránsito, principalmente de Floridablanca, municipio en cuya jurisdicción se elevan las obras, para mitigar el impacto en la movilidad.

Todos los días, los trancones en este corredor vial son monumentales. Pero no se trata solo de las obras. Lo que más contribuye al caos vial es el desorden de los mismos ciudadanos. A lado y lado del sector conocido como Papi Quiero Piña, por ejemplo, se ha creado una especial de “terminal” donde buses y taxis (incluidos piratas) detienen la marcha para recoger pasajeros. A su vez, se han dispuesto toldos y ventas de alimentos, que obstaculizan el paso vehicular. Todo esto mientras los constructores adelantan su obra en medio de la invasión de los carriles.

Y si a eso se le suma la iniciativa de la Alcaldía de Bucaramanga de comenzar con la construcción de la ciclorruta, incluso en vías donde ya de por sí la movilidad es reducida, el único futuro visible para la ciudad es el de la inmovilidad. De nuevo se insiste en que no se trata de oponerse a iniciativas como esta, que promueven la movilidad en medios como la bicicleta. Pero las obras no se pueden seguir adelantando sin que existan planes alternos de movilidad y dando amplio margen a la improvisación.

No se trata de reducir la discusión, como pretenden algunos, a que los ciudadanos no quieren dejar de lado el uso del automóvil particular. Se trata de pensar en ciudades reales y en problemas reales. Hoy, diariamente están perdiendo la vida decenas de motociclistas, por ejemplo, víctimas de este caos vial, del mal estado de la vía, de la imprudencia y de la agresividad al volante. A su vez, el corredor vial de la autopista es todos los días el escenario de choques vehiculares, que suman otro factor al caos. El estrés se ha convertido en la constante a la hora de manejar.

El Área Metropolitana de Bucaramanga requiere con urgencia una autoridad vial metropolitana, capaz de ordenar un tráfico creciente y desordenado, y un distrito metropolitano con visión de planeación para toda el área, y no al capricho del mandatario de turno en cada uno de los municipios que la conforman.

editorial
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