sábado 25 de enero de 2020 - 12:00 AM

Una Corte al borde de la crisis

Es lamentable, y esto sí no tiene antecedente, que estemos viendo cómo la solemnidad, dignidad y respetabilidad de un órgano judicial de la más alta jerarquía se desdibuje en medio de consejas y disputas más relacionadas con la política que con el quehacer que impone el derecho
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La Corte Suprema de Justicia está a punto de caer en una crisis que solo tiene antecedente en los hechos del Palacio de Justicia en 1985, pues la muerte de 11 magistrados la dejó sin quórum y tuvo el presidente Betancur que subsanar la situación, de acuerdo con las normas existentes para un caso de estos. Lo mismo podría ocurrir a finales de febrero próximo, pero esta vez no por causas externas a los magistrados, sino precisamente por razón de las disputas de poder e incluso rencillas personales y hasta regionales que, según se ha filtrado a los medios, se viven al interior de esta célula judicial que debería ser el ejemplo exactamente de lo contrario.

Estas circunstancias indeseables han recorrido ya decenas de veces los espacios periodísticos, dejando al desnudo situaciones, conductas y declaraciones de magistrados que muestran de qué manera un complejo ambiente interno ha hecho hasta ahora imposible no solamente designar Fiscal General de la Nación, algo que el país reclama desde hace tiempo, sino que tales diferencias están poniendo en claro riesgo la independencia de la Corte, como parte que es del poder judicial, frente al ejecutivo que tendría que actuar al interior de la misma para tomar las decisiones a que ella no ha sido capaz de llegar.

Es lamentable, y esto sí no tiene antecedente, que estemos viendo cómo la solemnidad, dignidad y respetabilidad de un órgano judicial de la más alta jerarquía se desdibuje en medio de consejas y disputas más relacionadas con la política que con el quehacer que impone el derecho, que es la materia que debería primar en todo debate en las salas de las altas cortes. Pero en lugar de ello, el país oye hablar de divisiones de índole regionalista, o denuncias como la del magistrado Ariel Salazar quien asegura, refiriéndose a sus colegas, que se ha negado a votar por personas que “se dedican a practicar y fomentar el turismo judicial y a hacer uso indebido de las facultades electorales constitucionalmente atribuidas a la Corte Suprema”.

El Estado y la Nación esperan que la Corte recupere pronto su rumbo que no es el de sus discrepancias, sino el del interés general, tanto para el nombramiento de Fiscal General, que se ha dilatado por meses, como para hacer la recomposición de la misma Corte con magistrados de la más alta calidad jurídica y respetabilidad personal.

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