miércoles 25 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Una indirecta muy directa

El domingo pasado, el presidente Uribe hizo una jugada diplomática a tres bandas en Tibú.

Durante el consejo de seguridad llevado a cabo en esa población, el Primer Mandatario le habló a la guerrilla, sí, pero el destinatario final del mensaje era claramente Hugo Chávez Frías.

Es que al haber retado a los jefes guerrilleros de las Farc y el ELN a que vuelvan al país, a que si se atreven crucen de vuelta las fronteras, el presidente Uribe no estaba simplemente lanzándoles un desafío a los jefes de esas organizaciones criminales.

Con sus declaraciones, el Jefe de Estado le repitió una vez más a Venezuela, de manera fuerte y clara, la certeza que se tiene sobre la manera en que sus territorios aledaños a Colombia son utilizados como refugio por esos delincuentes, bajo la mirada indiferente y no pocas veces complaciente del gobierno vecino.

Gobierno vecino que hasta el momento no ha reaccionado sobre el tema con la virulencia que lo caracterizó el año pasado, muy posiblemente por dos razones que son bastante sencillas de deducir.

La primera, es que la caída del precio del petróleo ha golpeado sus finanzas de una manera tan devastadora, que lo tiene en serias dificultades internamente con problemas que incluyen el desabastecimiento alimenticio, factor del cual además depende de Colombia. Además, esa disminución de recursos disponibles le socava el poder para interferir en la región, tal como lo hacía con el barril de crudo a más de US 140.

El otro elemento nuevo que tampoco se puede desconocer, es el hecho de la condena internacional para quien ayude a organizaciones criminales como las Farc, lujo que muy difícilmente puede darse el mandatario venezolano en las condiciones de crisis actual.

En resumidas cuentas, el presidente Uribe estrenó un nuevo tipo de diplomacia que no es de reclamación directa, pero que sirve igualmente para evidenciar y notificar lo que sea necesario para combatir a la subversión.

Al Ejército Nacional le va a quedar muy difícil continuar golpeando la cúpula de las Farc si ésta se encuentra refugiada en las naciones vecinas, razón por la cual sólo queda esperar a que el gobierno venezolano no solo se dé por notificado, sino que haga algo al respecto más allá de guardar un silencio cómplice como hasta ahora.

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