martes 03 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Una tragedia anunciada

No se necesitaba ser economista de profesión para saber lo que iba a suceder. De hecho, estaba plenamente anunciado desde hace meses. Y si se quiere se puede afirmar sin ser aventurado, que al Gobierno se le dijo y se le advirtió pero no hizo caso alguno. El desempleo en Colombia comenzó a aumentar a velocidades alarmantes por causa de la crisis internacional y tomó al país sin preparación alguna.

El 14.2% reportado por el Dane a finales de la semana pasada, que equivale a 2 millones ochocientos mil colombianos sin empleo y por ende sin ingresos, no es una simple estadística. Incluso, ni siquiera cuenta el subempleo, que comprende a las personas en el sector informal que una vez cansadas de buscar trabajo y no encontrarlo, se dedican a otras actividades como las ventas ambulantes.

En otras palabras, ese 14.2% es una tragedia social de connotaciones monumentales, que encarna además consecuencias bastante peligrosas.

Y encarna consecuencias bastante peligrosas, porque para este caso tampoco hace falta ser sociólogo o experto en criminalística para saber que un aumento tan grave en la falta de ocupación, se refleja directamente en los índices de violencia.

Es que tal como lo han dicho ya diversos analistas y columnistas de opinión, mientras todas las mañanas haya colombianos obligados a conseguirles el desayuno a sus familias a punta de cuchillo porque no pueden hacerlo mediante un trabajo digno, la inseguridad campeará por todas partes.

Pero eso no es todo. Lo que también es francamente alarmante, es que se trate de una tragedia anunciada.

Sí. Tal como se explicó párrafos arriba, desde hace meses cuando estalló la crisis en el exterior, se sabía con certeza que tarde o temprano cruzaría las fronteras colombianas. Y ahora que lo hizo, no existe un plan serio y articulado pero sobre todo realista, para hacerle frente.

Hace algunas semanas, el Gobierno Nacional anunció un supuesto plan de obras públicas que en teoría debería combatir la recesión y por ende a su hija mayor, la falta de empleo. Sin embargo, los detalles aún brillan por su ausencia pero aún peor, el financiamiento tan necesario para convertirlo en realidad, tampoco aparece por ninguna parte.

Así las cosas, la administración central está en la obligación de usar todas sus baterías para el combate de ese problema, que potencialmente es más grave que cualquier grupo guerrillero que se le compare.

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