jueves 29 de abril de 2021 - 12:00 AM

Una vez más la violencia deslegitima la protesta social

Algunos hechos vandálicos ocurridos especialmente en capitales como Bogotá y Cali, empañaron la que pudo ser una ejemplar jornada de protesta, que era lo que los organizadores y la ciudadanía en general esperaban de las manifestaciones de ayer.
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Finalmente tuvo lugar la jornada de paro nacional convocada por centrales obreras y algunos otros grupos representativos de sectores inconformes, especialmente con el proyecto de reforma tributaria presentada recientemente por la administración Duque y que en las últimas horas ha recibido oposición a varios artículos, por parte de líderes políticos como el mismo expresidente Álvaro Uribe, jefe del partido de gobierno. Las protestas, aunque en Bucaramanga transcurrieron en calma y las personas observaron, en su gran mayoría, las medidas de bioseguridad, tuvieron en varias ciudades del país, expresiones que rompieron la promesa de que por encima de todo iba a estar la seguridad y la tranquilidad.

Algunos hechos vandálicos ocurridos especialmente en capitales como Bogotá y Cali, empañaron la que pudo ser una ejemplar jornada de protesta, que era lo que los organizadores y la ciudadanía en general esperaban de las manifestaciones de ayer. Los desmanes de algunos grupos, que irrumpieron, por ejemplo, contra medios de comunicación en Bogotá, dejan un mensaje bastante ambiguo, pues no se entiende que, entre otras cosas, se marche por el respeto a unos derechos, mientras se pretende atacar otros, como el derecho a informar y ser informado, el derecho de opinión o la libertad de prensa, que son piezas claves dentro de las estructuras democráticas en el mundo.

El ataque a algunas instalaciones públicas, a vehículos de transporte público u otros elementos del mobiliario de las ciudades, solo demuestran la incapacidad que todavía aqueja a las organizaciones sociales de promover protestas verdaderamente pacíficas y responder por ellas. No se actuó en todo el país como lo habían prometido los responsables de las marchas y las concentraciones, lo que causa un daño enorme al derecho a la protesta, tal y como está consignado en la Constitución Nacional, pues los excesos deslegitiman esta expresión popular y la llevan al límite del código penal.

Por justificadas que sean las causas de esta o cualquier otra protesta, nunca va a ser una opción para los sectores legítimos de una nación o para las instituciones públicas o privadas de una democracia, tolerar actos violentos, amparar a sus ejecutores o convalidar mensajes nocivos para el Estado y para la misma organización popular. No podemos, entonces, más que rechazar la forma violenta como se llevó la marcha en algunas zonas del país y lamentar que desde la misma base popular se haya atacado un derecho que es connatural a ella, como es el de la protesta libre, pero pacífica.

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