sábado 29 de noviembre de 2008 - 10:00 AM

Vandalismo en la UIS

Anteayer volvió a haber actos vandálicos en la UIS. Lo ocurrido exige una respuesta radical, contundente e inmediata de las autoridades universitarias y del aparato estatal regional y local.

¿Por qué? Porque no hubo excusa, ni chispa emocional alguna que encendiera el ánimo de amplias masas estudiantiles, sino que Bucaramanga fue escenario de un acto que un pequeño grupo de personas (sean ellas universitarias o no) premeditó, diseñó y ejecutó con el ánimo de causar daño a la sociedad. No era una protesta, sólo usaron el campus universitario como escudo, para desde allí privilegiadamente atacar a la Policía con 'papas explosivas' de segunda generación, elaboradas con ingredientes mortíferos.  

Lo que vivió la ciudad no fue una marcha, o un mitin estudiantil, o un masivo movimiento de sectores de la población que degeneró en un enfrentamiento con la Policía, no, de la parte norte de Bucaramanga entraron a la Universidad comandos encapuchados, integrados por personas cuyo ánimo era provocar a la Policía y atacarla con 'papas explosivas' preparadas con  elementos químicos que causan grave daño físico a seres humanos. Y algo más, causar graves destrozos a la planta física de la UIS. Ambos cometidos los lograron.

No se puede decir que fue un hecho llevado a cabo por personas ajenas a la Universidad. En esos comandos de encapuchados tiene que haber personas que están matriculadas como estudiantes de la UIS. Son la misma veintena de vándalos que salen al final de las marchas que llegan hasta las calles céntricas de la ciudad y dejan el recorrido lleno de letreros en las paredes de los locales comerciales enalteciendo al 'tropel', nombre eufemístico con el que llaman a esa lumpen  expresión de anarquía y destrucción que parieron.

Tales encapuchados han estado ya en bastantes actos, tanto en la Universidad como en las vías públicas de Bucaramanga. Cada vez que actúan, la ciudad vive un acto de terror. ¿Hasta cuándo?

Esto exige medidas drásticas y verticales de las autoridades. La ciudad no puede entrar en crisis por el terror que siembra un puñado de mozalbetes. Es cierto que actualmente para imponer sanciones académicas en contra de un estudiante hay que adelantar investigaciones disciplinarias que  terminan siendo un terreno minado por recursos e incidentes de nulidad, buscando  dilatar al máximo la acción de las autoridades universitarias. Pero hay que actuar ya, pues los encapuchados han tomado mucha delantera.

Los encapuchados son los mismos que  exigen que no haya sanciones académicas. Pero, ¿acaso sus actos, cuando tapados con capuchas destruyen la Universidad, lanzan 'papas explosivas', hieren a miembros de la Policía, salen por la ciudad, dañan cuanta pared encuentran y siembran caos, deben enaltecerse? El Rector y demás directivos de la UIS  y la Fiscalía tienen la palabra y la ciudadanía, hastiada,  exige que se reimplante el orden y se sancionen el vandalismo, la anarquía y las expresiones delictivas.

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