domingo 31 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Vergüenza turística

Santander con Bucaramanga incluida, han decidido apostarle al turismo como medio de desarrollo. Con la agradable zona de San Gil y sus deportes de aventura, atracciones turísticas ya consolidadas como Panachi, el teleférico y otros sitios que se venden solos como Barichara, el proyecto regional ya tiene alas para pensar en despegar con fuerza.

Sobre todo, si va a ser apuntalado con otras construcciones como la represa de Hidrosogamoso, que también podría generar atracciones para los visitantes, además de las facilidades que germinarán para los invitados internacionales cuando se mejore la vía a Cúcuta. Todo ello, junto a decisiones acertadas como el vuelo directo a Panamá operado por Aero República, permiten ser optimistas sobre el éxito de tal aspiración.

De hecho, tanto se ha tomado conciencia de la importancia de desarrollar el turismo, que ya se habla en serio, así falten todavía años luz para aprender a tratar a los visitantes como es debido, de programas para enseñarles a los locales a ofrecerles servicios de calidad y variedad que cautiven a quienes vengan.

Con todo lo anterior en mente, no tienen justificación alguna varias situaciones que se presentan ante la mirada indolente del Estado. Principalmente, de las autoridades locales.

Es que lugares esenciales como el aeropuerto, todavía dejan mucho qué desear. Incluso, se puede afirmar que sitios como Palonegro, que son la primera impresión que se lleva el turista, rayan literalmente en la porquería, cuando a las instalaciones deficientes y viejas, se les agregan hechos como los fétidos olores que se apropian de la terminal aérea cada vez que deciden lavar las marraneras aledañas.

Pero eso no es todo.

Ya en límites de Bucaramanga, la situación no mejora por cuenta de la basura que inunda las calles y el triste estado de los espacios públicos.

Espacios públicos que se caracterizan por sus parques destruidos, andenes  desintegrados y calles demolidas, que se diferencian profundamente de otras ciudades como Medellín, donde el civismo de la gente, la eficiencia de los prestadores de servicios como la limpieza de las calles  y la capacidad de las autoridades municipales, deberían servir de ejemplo para sus pares locales.

Las conclusiones de todo lo anterior, son bastante fáciles de discernir. Santander ya tiene con qué atraer turistas nacionales e internacionales y los planes para aprender a atenderlos e instaurar el servicio al cliente ven sus primeros inicios. Sin embargo, en lo que concierne a la capital del departamento y su aeropuerto, o bien trabajan arduamente por ponerse al día, o no solamente se verán amenazados con quedarse por fuera sino lo que es peor, dañar los esfuerzos que realizan todos los demás. 

 

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