domingo 03 de julio de 2022 - 12:00 AM

Vivir la verdad para acercarnos a la paz

En Santander, en los años 80 y 90 vivimos hechos de inenarrable crueldad, centenares y miles de personas que pasaron por la tortura, el secuestro, la violación, la desaparición, las ejecuciones, los atentados dinamiteros, el destierro, el desplazamiento y tantas otras formas que los actores armados usaron para doblegar a la población civil

En las páginas de Vanguardia, hoy, publicamos conmovedores relatos de víctimas de la violencia en Colombia, recopilados por la Comisión de la Verdad. A partir de esas narraciones se puede ser, aunque sea por unos segundos, testigos de cualquiera de las tantas violencias que nos han lastimado hondamente por décadas; no por el sensacionalismo de escarbar en el dolor ajeno, sino como un homenaje, el único posible, con quienes perecieron en esta etapa inacabable de la guerra, y también con quienes sobrevivieron, pero quedaron para siempre atrapados en los círculos furiosos de este vendaval de dolor que arrastró a todo el país hacia la sinrazón y el duelo permanente.

Por muchos años más, Colombia tendrá que convivir con el rastro de toda esta tragedia y lo que acaba de hacer la Comisión de la Verdad no es simplemente el trabajo notarial de recaudar testimonios y apilarlos en un documento gris destinado al olvido, sino que, por el contrario, y esa será labor, entre otros, de los medios de comunicación, mediante el relato recopilado tras años de esfuerzos, ha dado vida a centenares de protagonistas que han escarbado en sus recuerdos más tenebrosos y más lacerantes para dejar a esta y las próximas generaciones la evidencia de la demencial violencia que sufrimos.

En Santander, en los años 80 y 90 vivimos hechos de inenarrable crueldad, centenares y miles de personas que pasaron por la tortura, el secuestro, la violación, la desaparición, las ejecuciones, los atentados dinamiteros, el destierro, el desplazamiento y tantas otras formas que los actores armados usaron para doblegar a la población civil que fue, sin piedad alguna, la mayor víctima de la guerra. Durante esas décadas, nuestro portentoso Magdalena Medio se llenó de sangre, dolor y rabia y los ciclos de venganza se mezclaron con los embates incesantes de una confrontación genocida que no dio tregua.

Ese es el aporte determinante que hace la Comisión de la Verdad a la historia de Colombia: entregar a los nacionales y al mundo los relatos de tantos hechos que nos retorcieron las entrañas y que después de un tiempo, de tanto vivir la muerte, esta se nos hizo invisible y pasaba anónima frente a los ojos de una sociedad estupefacta. Conocer esas historias nos permite volver a sensibilizarnos con la tragedia, para solidarizarnos, para unirnos, para sanarnos como Nación y para aspirar con más fuerza a la realización del viejo sueño de alcanzar una paz completa y duradera.

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