miércoles 02 de diciembre de 2020 - 12:00 AM

Volvimos a los escándalos y la ineficiencia en el Concejo de Bucaramanga

Bucaramanga esperaba que entráramos a cuatro años de trabajo productivo de nuestros concejales. Pero la realidad nos muestra cada vez más que esas expectativas difícilmente van a cumplirse.
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Luego de cuatro años de interminables y vergonzosos enfrentamientos entre el exalcalde Rodolfo Hernández y los entonces concejales de la oposición en abrumadora mayoría, debido a los cuales la ciudad, en muchos temas, se empantanó y el curso de la administración fue lento y tortuoso, incluso para la opinión pública, no alcanzamos a pasar un año de trabajo del actual Concejo sin que regresaran la grosería, la lentitud y la inoperancia a esa corporación. Insultos de muy bajo tenor, disfrazados con explicaciones pretendidamente ilustradas pero, en realidad, bastante profanas, están cerrando un tercer período de sesiones que, como los dos pasados, no brillan precisamente por la profundidad de los debates o la diligencia en el trámite de los proyectos de Acuerdo.

Que a un concejal se le ocurra y, más aún, decida calificar a un par de sus colegas como cerdos o payasos demuestra hasta dónde sigue bajando el nivel de algunos de estos representantes de la comunidad que deberían hacer honor a la elección popular que les dio la curul, encausando iniciativas ciudadanas, vigilando el proceder de los funcionarios municipales, estudiando los proyectos, fijando posiciones con toda responsabilidad y respeto, asistiendo a las sesiones cumplidamente, etc, pero, en ningún caso, atribuyéndose el derecho de arremeter con insultos, ni a los demás concejales, ni a ninguna persona. Al mismo tiempo otros han convertido a las redes sociales en un espacio para el “espectáculo”, donde se hace bastante bulla, pero a la hora de mirar las gestiones pocos son los resultados. Otros izaron unas banderas en campaña y actúan de manera opuesta ya sentados en sus curules. Y los demás poco o nada se sabe de ellos, ni siquiera sus nombres. Justicia hay que hacer en esta mención con el concejal Jaime Andrés Beltrán, quien desde su curul de oposición ha hecho un trabajo destacado, sobre todo en materia de denuncia ciudadana.

La inconsciencia sobre la dignidad de que están investidos estos servidores los hace proclives a la vulgaridad, al incumplimiento de los deberes y a la ausencia de propuestas serias para Bucaramanga. Nuestra ciudad, después del comprobado desastre del anterior Concejo y, sobre todo, después de que prácticamente en su totalidad fue castigado por los electores al no votar por quienes se presentaron a la reelección, esperaba que entráramos a cuatro años de trabajo productivo de los nuevos concejales. Pero la realidad nos muestra cada vez más que esas expectativas difícilmente van a cumplirse.

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