lunes 12 de abril de 2021 - 12:38 AM

Podcast: “Firmes Cachirí”, una mentira en la historia de Santander

La batalla de Cachirí, en Santander, fue una masacre. Murieron más de mil patriotas. En el campo de batalla quedaron 200 heridos y 500 hombres fueron tomados prisioneros por los españoles. Por aquí ingresó el ejército realista al centro del país. En esta batalla se dice que el general bumangués José Custodio García Rovira dijo en medio de fragor del combate: “Firmes Cachirí”. Tal afirmación es falsa. Es un error histórico. Esta proclama le correspondió al enemigo, un oficial de España.
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Esta historia comienza con una inexactitud histórica de más de dos siglos de vigencia. Sí, una que con el tiempo se convirtió en un mito. Una frase que sobrevive al paso de los siglos y describe la valentía, el carácter recio y el empuje de los santandereanos. Por años, y aún en la actualidad, muchos profesores piden memorizar esta mentira en escuelas y colegios de Santander.

A partir de este mito se bautizó el principal parque de Bucaramanga. Hablamos del José Custodio García Rovira, en memoria del prócer y uno de los primeros abogados de la región. Este escenario está ubicado frente a la iglesia de San Laureano, en el centro de la ciudad. Los gobernantes de turno en 1907 inauguraron su estatua con la inscripción “firmes Cachirí”. Unos pocos años atrás el Concejo de Bucaramanga hizo una donación de 10 mil pesos para traerla de unos talleres de fundición de Múnich, Alemania. La imagen en bronce llegó en barco a Santa Martha y de allí navegó por río y recorrió tierra hasta Bucaramanga. En la actualidad sigue en pie como prueba irrefutable de un error en la historia.

¿De qué error se habla?

Esta historia, génesis de una de las ramas de la idiosincrasia santandereana, comenzó hace 205 años en un campo de batalla en lo alto de un páramo. Se trata del 21 y 22 de febrero de 1816, en zona rural del actual municipio de Suratá, un pueblo algo olvidado de la provincia de Soto Norte.

La mentira que nos hicieron aprender en la escuela relata que en medio de una sangrienta batalla entre independistas y el ejército español, estos últimos con mayor experiencia militar, el general José Custodio García Rovira, nacido en Bucaramanga, pronunció la siguiente frase a sus hombres ante las aplastantes espadas y bayonetas españolas:

- ¡Firmes Cachirí!

Esta batalla fue una verdadera masacre. Se dice que este páramo es una de las fosas comunes más grandes del país, con más de mil muertos, pero de eso hablaremos más adelante. Para entender por qué independistas y españoles se enfrentaban ese 21 y 22 de febrero de 1816 en esta parte de Santander es necesario hacer un poco de memoria.

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Se acuerdan del llamado grito de independencia, que ocurrió el 20 de julio de 1810. Ese que todos los años conmemoramos con desfiles a lo largo de la carrera 27 de Bucaramanga, claro, antes de la pandemia por la COVID-19. Luego de este episodio, libres del dominio español, vinieron cinco años de desacuerdos entre los patriotas sobre la forma como debía organizarse la naciente nación, es decir, se generó una disputa política entre centralistas y federalistas. A este tiempo de caos se le bautizó como:

- ¡La Patria Boba!

Ahora bien, piensen que estamos a finales de febrero de 1816. Ya han pasado cinco largos años del llamado ‘grito de independencia’. La nación sigue dividida. España por su parte designó al general Pablo Morillo para la reconquista de América. Sus tropas avanzan cada vez más. Hace solo dos meses, el 7 de diciembre de 1815 Cartagena cayó ante la violencia de su fuerza.

Murillo designó al coronel Sebastián de la Calzada para llegar hasta Santafé de Bogotá. Él tomó el camino antiguo de los contrabandistas, que venía de Cúcuta, pasaba a Salazar de las Palmas, Arboledas y subía la cordillera hasta el sitio ‘El Boquerón’, zona de páramo por donde se bajaba a Cachirí. De allí se transita hasta Girón, El Socorro, Vélez y Zipaquirá. Los españoles marcharon para volver a tomar el control del territorio. En la parte más alta del corregimiento de Cachirí, en el sitio ‘El Boquerón’, donde la niebla abraza a sus caminantes, se encontraron ese febrero españoles y criollos.

La batalla de Cachirí, en territorio de hoy Santander, es designada como la primera acción de un ejército conformado por batallones provenientes de las principales provincias del país en nombre de la unión de una república para frenar la reconquista española. Estos hombres conformaron lo que se llamó el ‘Ejército de Operaciones del Norte’, comandado por José Custodio García Rovira, abogado bumangués. Sí. Era un abogado, como muchos otros comandantes patriotas, quienes obtuvieron adiestramiento en tácticas militares principalmente leyendo libros y folletos extranjeros.

Armando Martínez, presidente de la Academia de Historia de Santander, asegura que muchos generales, como José Custodio García Rovira, fueron formados como abogados y la independencia los volvió militares.

- Así que aprendieron sobre la marcha, sin tener instrucción militar antes de esta experiencia revolucionaria. Fueron aprendiendo. El general Santander nos dice en algún testimonio que García Rovira leía a la carrera manuales militares franceses, alemanes y españoles, tratando de adquirir en los libros experiencia.

Regresemos al páramo Cachiri, en el campo de batalla. Es la tarde del 21 de febrero de 1816. En el colegio nos enseñaron que en medio de esa batalla con el ejército de España, el general José Custodio García Rovira se trepó en lo alto de una gran piedra y desde allí, para evitar que sus hombres sucumbieran al miedo por el poder militar invasor, gritó con todas sus fuerzas:

- ¡Firmes Cachirí!

Esta frase se convirtió para muchos en Santander en patrimonio inmaterial que refleja el carácter de los nacidos en estas tierras, al menos así lo afirmó el santandereano Javier Orejarena, quien recorre desde niño el parque García Rovira.

- Firmes Cachirí es el mejor ejemplo de lo que significa ser un santandereano altivo, orgulloso, siempre echado para adelante. Que nunca retrocede, ni para tomar impulso. Es nuestra definición del carácter fuerte del santandereano, que no nos amilanamos ante las dificultades y no nos rendimos y por lo cual hemos podido conquistas esta linda tierra.

El asunto es que el general José Custodio García Rovira nunca dijo esa frase. También es falso que se trepara a una gran piedra en el camino que une la cabecera de Suratá con el corregimiento de Cachirí, para pronunciar su proclama. Todo hace parte de un error histórico, que nos enseñaron a repetir. El Presidente de la Academia de Historia de Santander lo confirma.

- Esto (la frase) no tiene nada de cierto. La batalla de Cachirí se libró en el sitio ‘El Boquerón’, en la parte alta, donde se pasa al municipio de Arboledas en Norte de Santander. Exactamente en el filo que divide las dos jurisdicciones. En el cerro de Las Jurisdicciones. Esta versión, la de la piedra cerca al casco urbano (donde se subió García Rovira), parece que es de José Lizano, líder comunal vecino de la vereda Cachirí, que en el 2010, se inventó esta historia para ofrecerles a los turistas un monumento que recordara una batalla que para él era muy importante.

Si bien el General José Custodio García Rovira no pronunció la frase y tampoco se trepó a la piedra donde les informan hoy a los turistas que ocurrió, la pregunta es sencilla: ¿De dónde surgió esa versión y cómo terminó en los libros de historia del país?

El Presidente de la Academia Historia de Santander culpa de este literal chisme a José María Quijano Otero, un bogotano que fue Director de la Biblioteca Nacional y que publicó un libro con este invento histórico para que los profesores enseñaran precisamente historia patria en los colegios. Su mentirá surgió en 1872, es decir hace 149 años y en la actualidad permanece vigente.

- El invento de la expresión “firmes Cachirí” se le debe a él. Y la consignó en su libro ‘Compendio de la Historia Patria’, de la imprenta de Medardo Rivas. Este es un libro de historia patria que escribió para los institutores de las escuelas primarias. Cada capítulo es una serie de lecciones con párrafos numerados. En el párrafo número 257 habla de la batalla de Cachirí, de febrero de 1816. Entonces, exactamente a José María Quijano Otero se le debe este invento de “firmes Cachirí”.

Es importarte precisar que a José María Quijano Otero se le ocurrió, para facilitar el proceso de enseñanza, consignar al final de cada lección unas notas de apoyo llamadas “indicaciones para los maestros”. En las indicaciones para los maestros de la lección número 37, escribió lo siguiente:

- Viene de aquella desgraciada batalla la frase que vino a ser proverbio entre los patriotas de ‘¡Firmes Cachirí!’. Estas eran las palabras con que García Rovira exaltaba el entusiasmo de sus soldados, de pie sobre la última trinchera, que defendieron con desesperación.

La frase sería de un oficial español

Pero la historia de esta mentira, que nos hicieron repetir en el salón de clase, no termina allí. Debe saberse que se le atribuye a un oficial español la autoría y pronunciamiento de esta frase. Así lo asegura Juan de la Rosa Grimaldos Barajas, miembro del Centro de Historia de la Provincia de Soto Norte, Santander.

- Resulta que los españoles después del triunfo en la batalla de Cachirí, montan un ejército o un batallón y lo denominan el batallón Cachirí. Era dominado por los españoles. Ese batallón Cachirí, en esos tiempos de guerra, van a dar a Venezuela. Un criollo les gana a los españoles la batalla y esos hombres se retiran derrotados. Es el general español Luconi el que grita ‘firmes Cachirí’. Como quien dice no se devuelvan. Sigan peleando. Por lo tanto la frase historiográficamente es de los españoles y no de nosotros los criollos.

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Una masacre

Ya sabemos que es mentira la frase ‘firmes Cachiri’. Pero la batalla fue real. Fue una matanza. El general José Custodio García Rovira llegó hasta lo alto de ese páramo con sus hombres para frenar la avanzada de los españoles. Su táctica fue organizar tres líneas de ataque, cada una con sus trincheras, para sorprenderlos.

La batalla comenzó pasadas las cinco de la tarde del 21 de febrero de 1816. Mientras los independistas los esperaban en las trincheras, el ejército español utilizó la táctica de guerrillas. Es decir, pequeños grupos dispersos por todos los flancos. Estas guerrillas ganaban terreno al subir el páramo. Esta decisión sorprendió a los patriotas parapetados en las primeras trincheras. Muchos solo alcanzaron a foguear una vez sus armas antes de ver de frente al enemigo y sentir como sus bayonetas les abrían la carne sin piedad. En Cachirí se usaron machetes. Solo los oficiales tenían espadas. Se utilizaron lanzas campesinas, piedras, cuchillos, garrotes y macanas.

Esa tarde empezó la masacre. Durante toda la noche mantuvieron el fuego los españoles y ganaban cada vez más terreno. En la mañana del 22 de febrero de 1816 llegó el desenlace mortal, como lo narra el Presidente de la Academia de Historia de Santander.

- La táctica de García Rovira y todos sus compañeros era de esperarlos a la salida de ‘El Boquerón’, en medio de la niebla, en trincheras cavadas. La batalla se dio en la zona cubierta de niebla. Y en la ladera de baja hasta el río Cachirí. Desafortunadamente la falta de experiencia militar de los socorranos que estuvieron allí esperándolos hizo que todo fallara. Era más poderoso el ejército de España, especialmente porque usaron por primera vez clarines de guerra. Algo que llenó de pánico a los socorranos que estaban agazapados. Muchos terminaron huyendo porque pensaron que estaban rodeados.

El capitán español Elías Sevilla consignó en sus memorias de la batalla que “los enemigos se hicieron fuertes a favor de varios parapetos instalados en un cerro inaccesible, que tenía más de una lengua de pendientes, es decir más de cinco kilómetros, que terminaba en el río Cachirí. Los primeros españoles que atacaron pasaron las trincheras de los patriotas a bayoneta y sangre. Cara a cara, hierro a hierro mataron e hicieron huir a los criollos. La caballería se encargó de masacrarlos en el escape hasta Suratá.

El balance de la batalla da cuentas de la masacre. Más de mil muertos criollos. De los cuales fueron 40 oficiales. Se registraron 200 heridos y se hicieron prisioneros a 500 hombres. Los españoles hicieron suyas dos piezas de artillería, cuatro banderas de batallón, 750 fusiles, 300 lanzas y 45 mil cartuchos, provisiones y ganados. La pérdida del ejército español se calculó en 150 hombres, entre muertos y heridos.

Armando Martínez, presidente de la Academia de Historia, recuerda un texto del oficial español Rafael Sevilla, quien pasó luego de 76 días por ese páramo. Dos meses después de la batalla y tras observar por kilómetros los cadáveres en descomposición, escribió:

- El hedor que exhalaban los insepultos cadáveres que yacían en derredor era insoportable. Muertos y caballos en putrefacción acechados por gallinazos en un cementerio al descubierto. ¡Oh, cuántas madres, cuántas esposas tendrían arrojados como perros en aquel campo a los pedazos de su amor! ¡Felices los pueblos que no han sido visitados por esa calamidad que se llama guerra! ¡Desgraciados aquellos en donde esta furia impera!

Desde entonces, la historia de sucesos como la batalla de Cachirí se ha constituido en un relato que ha sido tergiversado en cuanto a sus causas y consecuencias para la historia del país. La derrota en Cachirí generó la renuncia de Camilo Torres Tenorio a la Presidencia de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. Él fue posteriormente fusilado por los españoles. Como también José Custodio García Rovira, fusilado y colgado seis meses después de la derrota en Cachirí. Esta batalla desanimó a la dividida nación. El comerciante José María Caballero en su “Diario” narró que cuando llegó la noticia de la caída en batalla algunas “mujeres salieron como locas por las calles con banderitas y ramos blancos, gritando:

- ¡Viva Fernando VII, viva España!

Este error histórico en Santander deja también en manifiesto las fallas de un sistema de educación que por más de un siglo se empecina en que sus estudiantes memoricen y no comprendan los hechos, menos la historia de los pueblos. El docente de la Universidad Industrial de Santander, especialista en educación, sicólogo y magister en filosofía, Gonzalo Ordóñez, explica que en el país se insiste en una educación memorística, repetitiva, feudal y obsoleta.

Sin embargo, hay una reivindicación que surge desde los mismos paisanos de la provincia de Soto Norte en Santander. En enero pasado un grupo creó su centro de historia, para rescatar del olvido la memoria de esta parte de Santander. Ellos, frente a la batalla de Cachirí y la frase “Firmes Cachirí” tienen un objetivo claro, como lo explica Juan de la Rosa Grimaldos Barajas.

- La tesis de nosotros es mantener la frase, sin el plural, es decir, ‘firme Cachirí’. Como señal que tenemos que seguir adelante. Que Cachirí no ha desaparecido. Que Cachirí vive. Que Cachirí es patriotismo y esperanza. Que es una región de historia y progreso.

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Créditos

* Edición: María Paz Rodríguez Barrera Programa de Comunicación Social UNAB y Centro de Producción Audiovisual –CPA * Audio: Himno de Santander* Audio: Battle of History* Autor: Megatrax* Audio: History Research* Autor: Megatrax* Audio: Poisoned Rose. Fuente: Youtube Audio Library* Audio: The Battle of 1066. Fuente: Youtube Audio Library* Audio: Battle Stations. Fuente: Megatrax* Audio: Will to win Fuente: Megatrax

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