viernes 23 de junio de 2017 - 4:32 PM

Habla el oficial del Ejército que denunció la parapolítica en Santander

En 320 páginas, el excoronel Julio César Prieto reta a la memoria de los santanderanos hablando de lo que, dice, debe saber la sociedad, pero sobretodo las futuras generaciones de la Fuerza Pública.
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La charla con el coronel Julio César Prieto suena ‘visceral’, por lo menos para quienes no lo conocen, para quienes no tienen ni idea de lo que tuvo que enfrentar desde que llegó el 3 de diciembre del 2003 a comandar los 1.300 hombres que conformaban las filas del Batallón Luciano D’elhuyar en San Vicente de Chucurí, Santander.

Para la época, por lo que describe, había más paramilitares que cacao en la zona, a pesar de la gente buena. Por increíble que pareciera entonces, entre quienes se habituaron al rigor del fusil como remedio para la sangre del Ejército de Liberación Nacional, Eln, que hacía y deshacía antes de la llegada de la mano dura de las autodefensas, él tampoco estaba convencido de la ‘connivencia pacífica’ con el ala armada de la extrema derecha que, de a poco, con la voz de las armas, comenzaba a demarcar el área, desde la Serranía de Los Cobardes, hasta más allá de Galán.

De hecho, el hoy excoronel Prieto pareciera hacer catarsis en las 320 páginas en que terminó impresa parte de su asombrosa memoria combativa, a su paso por la región del Chucurí, tanteando con la vista y el olfato, cada conversación, cada guiño, teniendo que recibir propuestas que iban desde 40 millones de pesos mensuales más cinco cadáveres con armas y demás ‘legalizados’ en el fragor de la guerra por el control de un territorio, donde la historia rebelde de Colombia escribió con sangre uno de sus tantos dolorosos capítulos.

Ensamblado en el camuflado selva, repartió 20 mil tarjetas de presentación por la región, entregándoselas a los labriegos que se bamboleaban de ‘izquierda a derecha’, acosados por el miedo.

Fue así como hasta sus oídos comenzó a llegar información que, de voz de desertores, tejían delgados hilos que conectaban las bases del paramilitarismo con las altas esferas políticas de Santander.

De esa forma, dice, por información revelada de reinsertados, el Coronel Prieto habría escuchado mencionar por primera vez el nombre de su homólogo de la Policía, Coronel Hugo Eliodoro Aguilar Naranjo, entonces aspirante a la Gobernación, para muchos un ícono de la lucha contra el narcotráfico, casi un héroe, recordado por la muerte del mítico narcotraficante, Pablo Escobar Gaviria.

Entre tanta escucha, incluso de gente inconforme con la situación política, oiría nombres de personajes de la región, como Luis Alberto ‘El Tuerto’ Gil, Óscar Josué Reyes a quienes luego se atrevió a denunciar como Oficial del Ejército. Eso, asegura, se lo cobraron cuando su nombre llegó a Junta de Generales. Ahí acabaron 31 años de servicio. La caja de Pandora de la realidad comenzaba a mostrarse frente a él.

Preguntas y respuestas

¿Por qué no llegó a General?
“Pues porque como Oficial activo me atreví a denunciar políticos en ejercicio, Aguilar es uno”.

¿Y es que acaso el coronel Aguilar tiene tanto poder como para influir en semejante Junta?
“Pues si consiguió 400 mil votos para que su hijo fuera Gobernador, ¿cómo no va a influir en 60 Generales?

¿Cree que debe darse el divorcio entre políticos y militares?
“Hay un mandato constitucional que indica que los militares y la Fuerza Pública son apolíticos, pero eso es letra muerta, porque los altos mandos, para seguir escalando, tienen que ser políticos”.

¿En el país el combate lo dan los políticos y no lo militares?.
“No el combate, es que en este país casi todo está subyugado al poder político. Si no vea lo que pasó con Vicky Dávila; lo que pasó con Guillermo Prieto Larrota, ‘Pirry’, igual pasa con empresarios, con la Justicia que no obra en justo derecho”.

¿Qué hoja de vida contrarrestaba sus denuncias políticas?
“Lo que denuncié fueron hechos punibles, conocer delitos y ponerlos en conocimiento de los entes a los que les correspondía. Las demandas que yo instauré contra Aguilar y Luis Jesús Arenas durmieron ocho años el sueño de los justos, hasta 2015 se movieron y precluyeron”.

¿Cuál fue el hecho coyuntural que truncó su carrera?
“Meterme con políticos, pero no me arrepiento. Porque en esa zona de Santander, el poder lo tenían los paramilitares y los políticos tenían que tener el aval de ellos;  yo parecía lo que soy. Me vi obligado a dar a conocer esos hechos”.

Usted se enfrentó al Coronel Aguilar.
“No, yo no me enfrenté. Había gente delinquiendo con cuello blanco, tuve evidencias, pruebas, versiones de desmovilizados y demás. Ahí se desencadena esto”.

¿Le ha costado mucho?
“Vea, es que yo tengo un esquema de seguridad que he tenido que conseguir con el Ejército, con derechos de petición, mendigando mis medidas de seguridad. Uno ve un Estado representado en la Institución Militar indolente, con un ciudadano que no actuó a título propio, era un Coronel del Ejército.

¿Le cobraron ceñirse a la letra?
“Hay que leer el libro y las conclusiones las pueden sacar los lectores. Que yo lo piense o lo diga no juega. Ahí hay una serie de actuaciones, hecho que muestra si realmente hubo un miembro del Ejército comprometido con la legalidad y qué se podría derivar de eso.

¿Eso no es golpear una Institución que lo tuvo a usted como integrante durante más de tres décadas?
“No. Eso es decir las cosas como fueron, como sucedieron. Por eso en la pajilla del libro se habla del militar que combatió guerrilla, paramilitares y hasta sus propios compañeros; esa es una realidad. La camioneta de mi escolta se varó la semana pasada, me tocó moverme en taxi con ellos y como hablé en los medios sobre lo que ocurrió, cubrieron la falla con otro carro y el nivel de riesgo mío es extraordinario. Ah, pero los cabecillas de las Farc, que le hicieron tanto daño al país durante medio siglo, andan en carros blindaos último modelo, con esquemas de seguridad al mil por ciento, y este soldado de la Patria, que le sirvió a Colombia, a Santander, le toca mendigar su seguridad”.

¿Le asusta?
“Quien niega el miedo, niega a la mamá.
No es que los militares no sintamos miedo, es que aprendemos a administrarlo”.

¿Por qué decide como oficial del Ejército denunciar gente tan ‘poderosa’? ¿Creyó que podía resistir por el rango?
“Porque era mi obligación, porque tenía un batallón carcomido por los paramilitares. Me tocó retirar 8 oficiales, 17 suboficiales, 72 soldados, por vínculos con paramilitarismo. Envié para la cárcel a 8 miembros de mi batallón, porque vendían a los informantes que me servían; porque los paramilitares los asesinaban”.

¿Quién puso el gusano en la manzana?
“Es que en muchos municipios no se movía una hoja sin que los paramilitares lo autorizaran y había autoridades en la zona elegidas por el poder de las armas. ¡Cómo no iba a denunciar eso! A mí me ofrecieron 40 millones de pesos mensuales y 5 muertos con fusil, por dejarlos trabajar”.

¿Quiénes eran sus superiores?
“Salía el Brigadier General Jairo Duván Pineda, entró el General Germán Galvis Corona -que duró tres meses- y apareció mi ángel de la guarda, el Brigadier General Óscar Ceballos Mendoza, quien siempre me apoyó en todas las embestidas”.

¿Alguna vez lanzó un SOS porque no podía ni salir del Batallón?
“Tengo documentadas más de 14 intenciones de asesinarme; incluso en una ocasión hablé con un sicario que me iba a matar”.

¿Usted de dónde es?
“Del Quindío”

Y llega a Santander a desmitificar alianzas macabras entre paramilitares y políticos.
"No; yo no llegué a eso. Llegué a representar al Estado como comandante militar de una zona y encontré problemas de gente sometida por otras al margen de la ley".

¿Cuál fue el detonante para asumir esa ‘tarea’?
“Ver asesinatos de campesinos, parejas que se atrevían denunciar; Alcaldes hablando de derechos humanos cuando fueron elegidos por esos mismos criminales. Era el día a día”.

¿Qué pasó con sus denuncias?
Las que instauré contra Aguilar y Arenas durmieron ocho años hasta que se retractaron por la presión mía ante los funcionarios.

Al coronel Aguilar muchos lo respetan y hasta lo veneran. ¿No es una afrenta la portada de su libro?
“Él es una persona inteligente, pero se ha ido derrumbando, hace poco le iniciaron investigación por enriquecimiento. Con su inteligencia logró mucho. Hasta hacerse al dinero con el que aceita su maquinaria. Hizo obras, muy bueno, pero no hay verdugos buenos ni malos”.

¿Se enriqueció con la Gobernación?
“No, no, no. Yo hablo de lo que ha aparecido en los medios en los últimos meses: El Porsche, la casa, el dinero que le cobran con letra de cambio a su exsocio. Eso no está en el libro”.

De eso no hay denuncias
"No, pero ¿cuánto se gana un Coronel retirado?".

¿Por qué esa portada, por qué esa foto?
“Porque esos son nuestros ídolos de barro. Y porque es proporcional al contenido de la obra. La imagen habla sola”.

¿Es una revancha del coronel Prieto?
“Para nada, miles de colombianos tienen historias dignas de escribirse en un libro, pero pocos que puedan, como yo, aportarle a la memoria histórica de Colombia”.

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