domingo 18 de agosto de 2019 - 12:00 AM

“La misma clase política de la época de Luis Carlos volvió”: Gloria Pachón de Galán

Gloria Pachón de Galán habló acerca de los 30 años del magnicidio de su esposo, el político Luis Carlos Galán Sarmiento.

Luis Carlos Galán no conoció las redes sociales, no tuvo que enfrentarse a los debates de Twitter, ni fue víctima de lo que hoy se conoce como las ‘fake news’.

Y aún así, sus ideas parecen percibirse en las campañas que algún grupo de jóvenes promueve para buscar firmas por una causa que considera justa o en los líderes que sin haberlo conocido, no tienen temor de enfrentarse a lo que en la época de Galán se llamaban las maquinarias tradicionales.

¿Están vigentes sus ideas treinta años después de su muerte? ¿Vivimos en un mejor país que el que a él le tocó vivir?

Sobre estas reflexiones, sobre las “banderas” de Galán, sobre los vacíos en la investigación judicial por su asesinato y sobre la participación de sus hijos en la política actual habló con Colprensa la viuda de Galán, Gloria Pachón, quien hace pocos días estrenó su libro ‘1989’ en el que cuenta detalles sobre su vida con el dirigente asesinado.

Preguntas y respuestas

¿Si Luis Carlos Galán pudiera ver la realidad política que vivimos hoy en día, cree que quedaría contento o preocupado?

Creo que Luis Carlos estaría bastante preocupado con lo que se está viendo. Sobre todo por la manera como las costumbres políticas que él criticó tanto han aumentado y son mucho más graves y más complejas en el día de hoy. Yo creo que para él, esa situación de hoy sería un escenario muy delicado, pero sobre todo que lo impulsaría a seguir trabajando.

¿Por qué cree que la situación ha empeorado?

Yo creo que los partidos ya perdieron su esencia, su razón de ser. Pero lo más grave es que sin la política y sin los partidos políticos tampoco hay democracia, tampoco hay sociedad que pueda salir adelante y eso la gente no lo entiende mucho.

Todos recordamos a Galán por su lucha contra el narcotráfico, pero su lucha más grande fue contra el clientelismo, la politiquería. ¿Cree que con su lucha sí logró transformar la política o seguimos en la misma situación que él denunció?

A raíz de la muerte de Luis Carlos, sí hubo una reflexión por parte de la opinión pública y creo que sí llegó a muchos sectores esa necesidad de cambiar las cosas y eventualmente durante un tiempo fue así; pero pronto volvió la misma clase política que había en la época de Luis Carlos y en la época anterior a la de Luis Carlos.

¿Cree usted que hoy en día nos está faltando una figura como él en el escenario político colombiano?

En la época en que estamos viviendo, no debería ser indispensable un líder, porque precisamente lo que Luis Carlos promovió, lo que previó y lo que quiso que sucediera era que la gente, toda la gente, se comportaran en la democracia sin necesidad de un líder que los dirija. Claro que es importante el trabajo de los líderes, pero yo creo que lo fundamental es poder llegar a la conciencia política de los colombianos y del pueblo para que realmente haya una verdadera democracia.

¿Cree que en ese momento César Gaviria representó correctamente las ideas de Galán cuando llegó a la presidencia?

Bueno, ese tema es un poco complicado, porque en ese momento César Gaviria, como Jefe de Campaña que había sido de Luis Carlos, era la persona que podía hacer realidad las últimas luchas de Luis Carlos, entre las cuales en primer lugar estaba la Consulta Popular, que había sido aprobada en la última Convención del Partido Liberal, ese mismo año. Yo no lo sabía, pero Juan Manuel, desde que era muy niño, tenía la convicción de que si a Luis Carlos le pasaba algo, a él le iba a corresponder hablar y decir algo en su sepelio. Entonces, las últimas palabras en las que Juan Manuel no solamente le entrega las banderas, sino que además le dice que sea el presidente que Colombia necesita, esas son palabras que surgieron en ese momento, pero que naturalmente fueron el resultado de nuestras conversaciones y Juan Manuel las aplicó ahí. Pero para nosotros eso sí fue una sorpresa total. Eso no estaba previsto.

Ahora que menciona a sus hijos, ¿cómo ha sido todo ese proceso de ellos, de perder a su padre estando muy pequeños y ahora ya ellos mismos asumir responsabilidades políticas?

Ellos nacieron políticos, o sea, que no es ni sorpresivo, ni curioso que estén en la política, porque en realidad ellos nacieron en ese ambiente y fueron políticos desde siempre. Lo hicieron, porque pensaron y porque creyeron que eso era realmente lo que correspondía, no solamente pensando en lo que Luis Carlos había trabajado en esa materia, sino que ellos también tenían la intención de contribuir de alguna manera, sobre todo en los aspectos y en los temas que Luis Carlos había luchado tanto.

Y en lo personal, ¿le preocupa un poco los riesgos?

Yo pienso que los mayores riesgos, es que lo que ellos están tratando de hacer no sea bien comprendido y que muchas veces se tergiversan las actuaciones y se tergiversan la manera de afrontar ciertos problemas. Eso sí me preocupa, que no se entienda lo que ellos están tratando de hacer. Ahora, en cuanto a los riesgos, claro que sí preocupan, pero ante la decisión que ellos tienen de seguir adelante, de trabajar, yo creo que vendrá un apoyo por parte no solo de la opinión, sino un apoyo de la sociedad.

Hay un dato que menciona su hijo en el prólogo del libro: que la investigación por la muerte de Galán solo ha avanzado en un 30%, que falta el 70%. ¿Usted está de acuerdo con esa cifra?

Lo que pasa en realidad es que esa percepción no es nuestra, sino de las mismas personas que han estado investigando el caso de Luis Carlos, de los mismos jueces, que muchos de los cuales han entregado todo, han entregado su vida por llegar hasta las últimas consecuencias en la investigación de la muerte de Luis Carlos.

¿Qué cree que no se investigó lo suficiente?

Es que los factores que influyeron fueron factores políticos, también el Estado tuvo una responsabilidad y desde luego el paramilitarismo, el narcotráfico y sus representantes más conocidos. Pero en todos esos campos aún falta mucho por conocer y por aclarar. Dentro de los mismos temas que ya se han estudiado y que ya se han revelado faltan todavía muchos temas. En el político y el problema de la responsabilidad del Estado también.

¿Cree usted que aparte de la familia, de las personas más cercanas, de alguna manera a Luis Carlos Galán si lo dejaron solo en ese momento, que el país en general lo dejó solo?

Más que abandonado de la opinión pública, era abandonado por el Estado y abandonado por la clase política.

A pesar de que Galán estaba consciente de que lo iban a matar, él decía que más que llegar a la presidencia, le interesaba que sus ideas sobrevivieran. ¿Cree que lo logró?

Lo curioso es que precisamente en este momento, lo que se ve es que el mensaje está ahí vivo. Porque cuando recordamos sus discursos, cuando recordamos sus declaraciones, su actitud, vemos que la situación que tenemos hoy día en todos los aspectos, es muy semejante a lo que vivíamos en ese momento y a lo que Luis Carlos estaba decidido a afrontar.

Y en su caso, ¿cómo ve usted las cosas hoy en día?

Lo que yo veo es la falta de educación política de la gente porque me parece que hay temor a afrontar las cosas políticamente. Hay que enseñarle a la gente la importancia que tiene la política y cómo se debe ejercer y para qué sirve y por qué sin la política no hay manera ni de una verdadera democracia, ni del progreso, en muchos sentidos.

Más bien estamos ante una generación que no quiere saber nada de la política.

Claro, y en cierta forma hay razón por la manera como se ha ejercido la política y por la manera como muchos políticos consideran la política, algo de beneficio personal en lugar de beneficio social y público, pero la política es necesaria. Si hay una clase política que es objeto de crítica, que tiene muchos defectos, que tiene muchos problemas, pues eso se debe a la falta de participación de los ciudadanos.

“Treinta años sin Galán, treinta años sin mi papá”

Juan Manuel Galán

“Queremos una Colombia donde quepan todas las ideas y donde la discusión pacífica de los problemas colombianos sustituya a la violencia”. Esta frase que bien podría pronunciarse hoy en Colombia, tiene 55 años y fue escrita por mi padre para la revista Vértice en noviembre de 1963.

Mi padre entregó su vida por los colombianos, por su amor a Colombia, por las instituciones democráticas en las que nunca perdió la fe a pesar de sus defectos, carencias y errores. Jamás aceptó legitimar la violencia como instrumento de lucha política, resistiendo los embates revolucionarios de su generación, en la que perdieron la vida varios jóvenes valiosos, idealistas, rebeldes, inconformes, partidarios de cambio social como él, que optaron por la guerrilla.

Luis Carlos Galán se enfrentó solitario al narcotráfico cuando casi todos los sectores de la sociedad colombiana se mostraron complacientes y con frecuencia cómplices de los criminales que lograron penetrar la política, el sector privado, el deporte y la cultura. Pero su lucha fue más allá del enfrentamiento con los narcotraficantes, su causa era liberar a Colombia del yugo impuesto por el clientelismo, esa política interpretada como una transacción de favores y no como una garantía de derechos. Por eso no pretendía simplemente llegar a la Presidencia de la República por vanidad personal, entendía la Presidencia como el instrumento más poderoso para abrirle camino a una nueva sociedad, su ambición era cambiar la manera de pensar del pueblo colombiano.

Soñó con un país con las mismas oportunidades para todos. Decía que la vida era una carrera de mil metros en la que algunos colombianos arrancan quinientos metros delante de la línea de partida, otros quinientos metros atrás, pero muchos ni siquiera tienen derecho a participar en la carrera. Quería que todos arrancáramos la carrera de la vida desde la línea de partida.

Su carisma no era una pose, no fingía, era sincero y transparente en sus emociones, ideas y actuaciones. Rechazaba a las maquinarias electorales, las combatía y denunciaba como perpetuadoras del régimen clientelista. El “cómo hacer política” para mi padre no era ganar a cualquier costo, con el todo vale, con el mantra de las estructuras mafiosas enquistadas en la política: “plata, plata, plata, máquina, máquina, máquina”. ¡No! Entendía el quehacer político como un proceso pedagógico permanente cuyo objetivo fuera concientizar a la gente sobre sus derechos y deberes.

Mi papá me sigue doliendo, me duele su ausencia, no verlo y tocarlo para decirle que lo amo, para que sus nietos Manuel y Lucas pudieran abrazarlo y escucharlo. Tuve dos opciones cuando asesinaron a mi padre: convertir ese dolor en resentimiento, amargura y odio; o hacerlo mi fortaleza para luchar sin descanso por sus ideales. Escogí la segunda opción, pero el dolor siempre estará ahí, latente, todos los días de mi vida, en la memoria de mi corazón.

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