miércoles 27 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Corazón en Parches, arte que brinda bienestar

Esta fundación está decidida a usar el arte para traer bienestar a las personas vulnerables de Bucaramanga y el Área Metropolitana. Su trayectoria está llena de historias inspiradoras.
Escuchar este artículo

Ser agentes de cambio no es ninguna payasada. Eso lo tienen claro los voluntarios de la Fundación Corazón en Parches de Bucaramanga, quienes recurren a las sonrisas y el teatro para mejorar la calidad de vida de quienes los rodean.

En especial lo hacen con personas que enfrentan condiciones médicas, sociales o económicas precarias, pero su idea es extender bienestar a todo el que se cruce en su camino.

Así lo asegura Willmer Andrés Acacio Flórez, estudiante de Ingeniería Industrial y profesor de teatro, quien se unió a esta noble causa en 2009.

“Estamos trabajando desde 2007 y nos constituimos legalmente en 2008. Somos la primera fundación regional en traer el Payaso Terapéutico, una idea que viene de Estados Unidos con un ‘loco’ llamado Patch Adams”.

La película que dio a conocer al médico de la Risoterapia, Hunter Doherty Adams, inspiró a seis estudiantes de medicina de la Universidad Industrial de Santander y de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, a meterse en este viaje.

“Se dieron cuenta de que en muchos hospitales no atendían gente sino enfermedades. Se les iba la idea de la humanización, de preguntarle al paciente cómo estaba y estos chicos dijeron: Aquí hay que hacer algo”... ¡Así empezaron!

Con el pecho lleno de solidaridad y una nariz colorada, aprovecharon los contactos que tenían por sus prácticas en el Hospital Local del Norte, para brindar 15 minutos de luz en cada habitación de los niños internos.

“No fue fácil. Algunos en el personal nos recibían con entusiasmo, pero otros no estaban acostumbrados y preguntaban que eso para qué servía (...) no es como hoy, que hay estudios que prueban que la risa ayuda a que el medicamento sea más efectivo y a una pronta recuperación”. Pero eso no los detuvo.

Se unió un estudiante de Química de la UIS, Ericsson Gómez, atraído por el tema del arte para brindar apoyo emocional. Ahora es el representante legal de la fundación y en ese entonces hacía teatro.

“Con él y otro integrante se comenzó una formación para las salidas a escena; cada uno buscaba materiales, pelucas y vestuario, dando forma a lo que ahora es Corazón en Parches”, explica Willmer.

Profundizaron en las técnicas del payaso y adoptaron cinco principios: no juzgar, estar atentos y disponibles, modificar el entorno, ser disciplinados y ser honestos consigo mismos y con los demás.

Esa entrega, les ha valido experiencias inolvidables como ver la felicidad o, por ejemplo, pequeños que comían de la mano del payaso luego de llevar hasta tres días sin recibir bocado y sus familiares agradecidos por eso. Willmer también recuerda que “en 2008, cuando nos pasamos al Hospital Universitario de Santander, encontramos a una niña Down intubada, con unos 20 años, ya con cuidados paliativos.

El primero que lo intentó, así como entró, salió; le afectó la imagen. Pero tomamos ánimo y lo hicimos durante unos 20 minutos. La mamá nos agradeció mucho porque había visto en su hija una sonrisa que no aparecía hacía meses después de tanto sufrir...

Eso nos recordó que vale la pena y que es importante hacer esto, tanto que ahora hay lugares donde nos solicitan”. En la actualidad participan en otras fundaciones y esperan que más IPS les abran las puertas.

Aunque es un asunto voluntario, donde circulan desde 15 hasta 200 personas dependiendo de la actividad y haciendo relevo generacional a los fundadores, el teatro para ellos es un asunto de responsabilidad.

Hacen capacitaciones una vez a la semana en ciclos de cuatro meses, además de talleres todos los sábados.

Su compromiso queda demostrado cada diciembre con su Caravana de la Navidad. Durante tres meses sensibilizan a la ciudadanía, preparan sus montajes más llamativos y recogen regalos, que organizan durante un día entero, incluso pasando derecho hasta la madrugada.

“Este año vamos a trabajar con niños de diferentes vulnerabilidades: víctimas del conflicto armado, que viven en hogares de paso, de escasos recursos, con disminuciones cognitivas, de la Uimist, el Hospital de Floridablanca, hijos de trabajadores de Centroabastos y terminamos en una vereda de Lebrija”.

Todo en un mismo día, sin importar el cansancio o la extensa ruta, para llevarles esa experiencia y entregarles un ‘parchecito’ de amor.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí.

Etiquetas

Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad