viernes 29 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

¡Un refugio con la mano de Dios!

La Fundación Hogar Casa del Alfarero está dedicada al cuidado y atención integral para prevenir o tratar la adicción a las drogas y al alcohol. También está al cuidado permanente de personas con discapacidad mental y habitantes de calle. La campaña social Santander sin límites destaca hoy esta otra entidad de Bucaramanga que necesita la ayuda de muchos corazones para poder seguir su obra.
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En uno de sus versículos bíblicos Jeremías dice: “Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras”.

Y es gracias a este pasaje de la Biblia como llegan cientos de jóvenes y adultos al Hogar Casa del Alfarero en Bucaramanga, un refugio para rescatar de la droga a los habitantes de calle.

Esta fundación se ha convertido en la mano amiga, apoyo y refugio de las personas que a diario llegan, adictos a las sustancias psicoactivas, y donde, con los brazos abiertos, se reciben como si ese fuera su segundo hogar.

En el lugar comen, se bañan y duermen, pero también reflexionan, oran y reciben charlas sobre cómo dejar de consumir sustancias ilegales y cambiar su vida.

“Hogar Casa del Alfarero busca darles una segunda oportunidad a quienes buscan ser ayudados. El proceso está dirigido a personas vulnerables de nuestra sociedad, estamos dedicados al cuidado y atención integral, prevención, tratamiento de problemas de adicción a las drogas y al alcohol, e igualmente al cuidado permanente de personas habitantes de calle”, expresa Leidy Johana Osorio Rojas, coordinadora Administrativa del Hogar.

Pero quién dice que los hombres no lloran, y más, sí de pedirle perdón a Dios se trata. Pues el propósito de Casa del Alfarero es tocar el corazón de estos hombres y llevarlos a tener un encuentro con Dios, que aprendan a amar a los demás y que crezcan en su relación con el ser supremo a través de sus testimonios y servicio, donde pueden ser personas de bien, ejemplo de una transformación para la sociedad.

¡Así empezaron!

De la mano de la Iglesia en Manos del Alfarero la fundación lleva 25 años en Bucaramanga trabajando con población que consume sustancias psicoactivas. La Casa del Alfarero ofrece terapia psicológica individual y grupal con profesionales universitarios.

“Se busca restaurar a la persona integralmente, su manera de vestir, caminar y de comportarse. Ellos llegan con un léxico bastante fuerte, palabras que realmente no deben estar acorde a una rehabilitación, y se busca que cada uno salga con ilusiones y sueños de salir adelante y dejar atrás un pasado sin ser señalados ni juzgados”, explica Rosa Helena Quintero Laguado, psicología de la fundación.

En la actualidad 120 personas son tratadas en el Hogar, este trabajo intramural permite la resocialización y llevar a un proceso final de decir: “Me liberé de la droga, de la mano de Dios”.

Un cambio extremo

Álvaro Sneider Vera Quintero es un joven que llegó a la Casa Hogar del Alfarero, y en un año tuvo un cambio del ‘cielo a la tierra’.

Hoy agradece la gran labor de los profesionales que estuvieron a su cargo para dejar la adicción a la heroína y el bazuco. “El 8 de noviembre del 2018 estaba cansado de lo mismo, de consumir y no hacer nada con mi vida”, relata Sneider, quien vivió en Cúcuta, Pamplona, Chinácota y luego llegó a Bucaramanga para recibir “la bendición de Dios”.

“Tenía problemas en mi casa, mi comportamiento no era el mejor, pero Dios me tocó el corazón y por eso llegué a ser tratado en la que hoy considero mi segunda familia.

“El proceso fue lindo, fueron 10 días de descanso total, luego entré a las actividades que se desarrollan en el Fundación y donde siempre están acompañadas de la palabra de Dios”.

A futuro proyecta estudiar psicología, tener la oportunidad de salir adelante siendo profesional y ayudar a quienes por errores de la vida cayeron en las drogas.

“Hoy me siento bien, logré salir y ser un joven como muchos. Llevo tres meses por fuera de la institución, pero colaborando con los otros muchachos que quieren resocializarse. Miriam Sofi, mi mamita y mis tres hermanas, quienes me ayudaron mucho, deben sentirse orgullosas de mí, porque la droga no es nada bueno”.

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