sábado 16 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

La lealtad y el amor de los peludos, la fuerza para continuar en el Refugio Perro Calle

Miles de historias guarda el corazón de Rosa Ana Calderón de Ortiz cuando piensa en la labor que ha cumplido por más de 20 años frente a la Fundación Refugio Perro Calle, que este año junto a otras cuatro entidades sin ánimo de lucro participa en la campaña Santander sin límites. Usted puede votar por una de ellas en www.santandersinlimites.com
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Entre los millones de historias que Rosa Ana Calderón ha recolectado como la artífice de la Fundación Refugio Perro Calle, ubicada en la vereda El Pedregal de Bucaramanga, en su corazón guarda unas que han marcado su vida y que, aunque recodarlas la ponen un poco sentimental, también la llenan de felicidad.

Estos más de 20 años al frente del refugio no han sido fáciles. Conseguir recursos y estar pendiente de las decenas de perritos que llegan allí por el abandono de las personas sin corazón, le han dejado la enseñanza más grande: el amor que los peluditos dan a quienes frecuentemente los visitan.

“Ellos son muy amorosos con quienes los visitamos seguido y también con Rigoberto, el señor que los cuida. Son muy especiales, ya están adaptados a sus corrales, a su hábitat y si llegado el caso se salen, siempre buscan el modo de volver a su sitio”, cuenta.

Y es que el amor y la fidelidad de estos peluditos va más allá. Hay muchos que por diversas circunstancias no se pueden quedar en los hogares de adopción y su regreso –al que fue tal vez el primer sitio que les brindó amor, cuidado y protección– siempre está enmarcado por un abrazo con ‘el patrón’, como también se conoce a don Rigoberto.

“Primero le dan un abrazo a él y luego buscan su corral como si nunca se hubieran ido o estuvieran de paseo y llegaran a su casa de nuevo. Esos actos de ellos son tan lindos, que nos emocionan muchísimo”, dice.

“El agradecimiento y la lealtad de ellos es lo mejor, ellos no nos olvidan, son demasiado amorosos. Y es que la fidelidad del perro es lo más lindo que hay en la vida, lo que más lo fortalece a uno y lo que más le da alegría y ganas de seguir trabajando por ellos”.

El ‘Firulais’

Todos, absolutamente todos los más de 150 perros tienen un espacio en su corazón y los ama por igual, pero hay unos que son tan especiales por su historia, que se quedaron inmortalizados en su memoria.

Tal es el caso de ‘Firulais’, un perro criollo que tiene ocho años y que llegó al Refugio Perro Calle siendo adulto. Hace algún tiempo fue llevado a la veterinaria porque había que hacerle una cirugía por un tumor en el vientre.

“Él estuvo en la veterinaria como tres meses y estaban encariñados con él. Cuando lo tenían que entregar me comprometí a ir con ellos, lo metieron al guacal y nos montamos en la camioneta, pero cuando íbamos llegando al refugio, como a 20 metros de distancia, él percibió que llegábamos a su casa y empezó a saltar dentro del guacal. Aunque le dije que se quedara quieto, no dejaba de hacerlo”.

“Cuando abrieron la puerta y entramos, salió, le dio una vuelta al refugio y saltaba y abrazaba a don ‘Rigo’ con ese amor; luego buscó el corral y todos aquí nos emocionamos... lloramos de ver al perro”, precisa Rosa Ana.

La linda y recordada historia de ‘Firulais’ trae al pensamiento la dificultad que pasan los perros adultos. Entre risas, Rosa Ana asegura que más que un refugio parece un ancianato de perritos.

Realmente son pocos los que se animan a adoptar a un perro mayor, o en algunas oportunidades ellos no se amañan en el nuevo hogar, pero esto no les impide continuar ‘echando pa’lante’.

Sin demeritar a Firulais o a cualquier peludito, ella reconoce que hay otro que es el más especial. Este peludo llegó con la familia que cuida el refugio constantemente y es la insignia de Perro Calle. Se trata de ‘Ricky’.

“Él es muy especial a pesar que ya está viejito, que ha tenido sus crisis y se ha enfermado, pero se conserva bien a la hora de la verdad. Él es único porque es la mascota de aquí”.

Su otra fuerza para seguir

Y los adorados perritos no son los únicos que le dan fuerza para seguir esta ardua labor que a sus 83 años sigue desempeñando como toda una guerrera. Del primer perrito que se encontró y por el que se ‘montó en el bus’ de la fundación, pasando por su familia y por su fallecido esposo.

“Con él empezamos la fundación. Él era muy amante de los perros y me dijo que la hiciéramos en forma e iniciamos los estatutos y la papelería. Estaban otras compañeras, la señorita María y doña Carmen y ellas me colaboraron, formamos la junta e hicimos todo lo legal”.

Además de meterla en el cuento legal, don Rogelio Ortiz, como se llamaba su esposo, es otra de las grandes fuerzas que la impulsan. Entre lágrimas habla de su gran amor.

“Cuando él murió, hace como cinco años, yo decidí seguir, eso me ha servido para... para sentirme útil en la vida y no me entregué a la pena por la muerte de mi esposo, sino que seguí con esa obra que él había iniciado, eso para mí ha sido muy satisfactorio”.

“Eso psicológicamente me superó, porque claro, ha sido duro perder mi esposo, pero vivo en función de los perros y yo tengo que estar todos los días yendo y viendo por ellos, incluso tengo que ir a ‘lismonear’, pero esta obra me ha dado vida, es la que me tiene bien”.

Pero para que esta historia tenga un final feliz, los santandereanos tienen en sus manos la posibilidad de cambiarla. Solo hay que apoyar a la Fundación Refugio Perro Calle para ganar el premio de hasta $25 millones que entrega la campaña social Santander sin límites.

“Los invito a que nos apoyen, a que nos ayuden a seguir en esta lucha... Analicen la situación de nuestros animales, tenemos apoyo, pero nos falta más y por eso pedimos su voto de confianza”, puntualiza.

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