sábado 19 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Fundación Refugio Perro Calle: ladridos de amor y esperanza

Hace 19 años existe el Refugio Perro Calle, que protege, cuida y brinda mucho cariño a los perros callejeros y en estado de abandono de Bucaramanga y el área metropolitana. Rosa Ana Calderón de Ortiz es la artífice de esta gran obra, que participa en la campaña social Santander sin límites por un beneficio de $25 millones.
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Los ladridos de unos 150 perros conducen a nueve corrales; allí, sacudidas de cola, saltos de felicidad y ávidos abrazos de cariño son el mejor recibimiento. Con solo una mirada estos peluditos llegan al corazón de los visitantes.

Son infinitas historias las que se tejen en los rincones de la finca La Esperanza, en la Vereda El Pedregal de Bucaramanga, donde está el Refugio Perro Calle.

‘Tony’ se convirtió en el símbolo de vida y esperanza para muchos perros que no cuentan con un hogar. Hace 22 años Rosa Ana Calderón de Ortiz se lo encontró en la calle en un estado deplorable. Quedó tan conmovida con su condición, que decidió cuidarlo y curarle sus heridas. Desde ese momento le picó el ‘bicho’ de proteger a estos animales y brindarles mucho amor.

“En ese tiempo había una fundación que se llamaba Asoproban, allí llevé al perrito y lo visitaba. Luego me vinculé, iba con una nieta a ayudar a bañarlos. Me fui metiendo en el cuento y, finalmente, arranqué con la fundación con la ayuda de mi esposo”, cuenta Rosa Ana.

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Les brindan un hogar

Desde que inició con esta misión en el 2000, en el Refugio Perro Calle han llegado a vivir hasta 230 caninos. En la actualidad hay 150 de todas las edades, colores y tamaños. El trabajo es arduo, pero a la vez gratificante. Aura Villamizar de Pinto, Ana Celmira Ortiz y Ana Dolores Rodríguez de Rivas son algunas de las mujeres que hacen parte de este equipo, que siempre está dispuesto a darlo todo por los peluditos.

“Muchos han muerto, porque no es fácil que los adopten. Son pocas las personas que vienen a visitarnos y se llevan algunos, pero muchos se han quedado acá y mueren de viejitos como le sucedió a mi ‘Tony’”.

A punta de bingos, días de onces, rifas y otras actividades (como la realización del almanaque perruno) este grupo de damas da la batalla para mantener en pie el refugio.

Sueñan con la sala de cirugía

Está claro que esta fundación no se dará por vencida. Se postuló para participar en la campaña social Santander sin límites, liderada por Vanguardia con apoyo de un grupo de empresas aliadas. El anhelo es llevarse el premio de $25 millones y para ello deberá vencer a las otras cuatro fundaciones.

La gran ilusión es hacer realidad el proyecto de la sala de cirugía y la sala de recuperación para los perritos. “Tenemos mucha fe y esperanza de que podamos ver materializada esta idea, porque así podremos esterilizar a los perros de acá, atenderemos a todos los que están enfermos y también le brindaríamos un servicio a la comunidad, lo que nos ayudaría a autosostenernos”, señala esta mujer.

El ángel guardián

A metros de distancia los perros olfatean a Rigoberto Reatiga, el ‘ángel guardián’ que los cuida, los alimenta y les brinda mucho cariño. “Él ha sido una bendición para el refugio y los perritos lo quieren mucho”, dice Rosa Ana.

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‘Rigo’ está en el refugio desde hace 12 años y se ha convertido en el papá de todos los peludos.

Lidiar con tantos perros es una tarea difícil, pero no imposible como lo asegura ‘Rigo’. “Hay que tener carisma y paciencia con ellos. No todo el mundo puede, pero tengo el amor por ellos desde niño”, dice. Para él todos los perros son especiales, “no hay raza, no hay color, no hay nada. Los quiero por igual”.

Son varios los animales que se han ido del refugio, pero también varios los han regresado a casa, a ese calor de hogar que sienten en la finca La Esperanza y que perciben con su olfato.

Con los ojos ‘encharcados’, Ana Rosa recuerda el paso de ‘Firulais’. “Estuvo unos días por fuera, porque estaba enfermo, y cuando regresó se tiró del carro y buscó el corral en el que había estado. Fue una felicidad enorme la que sintió”.

Así mismo, a ‘Pluto’, que luego de ser adoptado volvió. ‘Rigo’ cuenta que el perro lloraba de emoción y se le lanzó a sus brazos.

Ellos ya no están, pero siempre quedarán en el corazón de todos y serán la fuerza y motivación para que Rosa Ana y su equipo sigan guerreándosela por los perros de la calle.

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