miércoles 13 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Los profesionales de Neuro Saber son “sombra para sus retoños”

La noble labor de entregar su tiempo y conocimientos para ayudar a personas con discapacidad cognitiva del Área Metropolitana de Bucaramanga, ha representado retos, pero también experiencias gratas para los profesionales de Neuro Saber. Esta es una de las cinco fundaciones que participa en la campaña social Santander sin límites, que lidera Vanguardia y un grupo de seis empresas e instituciones.
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Ante las inclemencias de la vida que no distinguen género, edad o si se cuenta con las herramientas para el camino, los profesionales de la Fundación Neuro Saber son ‘árbol que provee sombra’ a sus cobijados. Sus ‘retoños’ con discapacidades cognitivas están constantemente expuestos al furor del tiempo, que no tiene paciencia para su particular aprendizaje.

Además, suelen estar en el desierto de la soledad, incomprendidos por la sociedad y, en muchas ocasiones, aún por sus propios padres, abuelos, hermanos y primos. Por eso, cuando Neuro Saber pasó de ser un proyecto educativo a un organismo que abraza cálidamente a sus ‘niños’, María Velandia, quien a sus 44 años ha sido testigo del cambio, casi llora de emoción.

“Inicié con Blanquita (directora de la fundación) en el montaje de lineamientos para obtener la licitación con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y recibir beneficios para los chicos”, cuenta.

Solo así se lograrían recursos para una atención completa, pues la economía es una lucha constante para estas entidades y, a pesar de ese apoyo gubernamental, a veces el dinero escasea. Pero eso no las detiene.

En sus primeros pasos la fundación no contaba “con la experiencia. Se sentía la ansiedad y muchas otras emociones”. Aun así, “el 15 de diciembre de 2015 a las 3:00 de la tarde llegó el primer cheque” y con este su primer ‘ahijado’. “En la madrugada siguiente llegó otro y fueron 15 chicos ese mes. Fue la Navidad con menos niños, teniendo en cuenta la capacidad del sitio”, dice.

No obstante, la cifra más pequeña de beneficiarios no disminuyó el impacto emocional que enfrentaron los profesionales al conocer sus historias. “Fue sobrecogedor desde el primer día por las condiciones en las que venían... A unos sus papás no los tenían nada bien”.

“Generalmente, los trae el ICBF para restablecer sus derechos, es decir, para que les suministremos comida, ropa, cuidados médicos, aspectos que mejoren su calidad de vida”; y también muchísimo afecto.

En particular, a María se le viene a la memoria un jovencito “que apenas venía en chanclas, una pantaloneta y una camiseta. Sin cepillo de dientes, toalla, ni nada”.

El destino no solo le había negado la posibilidad de enfrentar los días con la misma habilidad que los demás, sino que lo dejó en condiciones precarias... hasta que entró a Neuro Saber. Como él, son muchos los casos en que la institución se convierte en su familia.

La psicóloga Andrea Guevara asegura que “la mayoría de los chicos tiene declaratoria de adoptabilidad porque los familiares perdieron la potestad. Se convierten en hijos del Estado” y en dichas condiciones ya son 77 los ‘retoños’ de esta casa hogar.

En otros cuatro casos (de 81 que viven en Neuro Saber) se espera que puedan regresar a su hogar biológico luego de que se cambien ciertos hábitos para un sano regreso.

Mientras eso se da allí tienen la oportunidad de crecer con la fundación, que no solo los aparta del abandono, la pobreza o la intolerancia, sino que busca su empoderamiento.

Desean verlos progresar en la medida de lo posible. Esa es una de las razones para soñar ahora que participan en la campaña social Santander sin límites y así ganar hasta $25 millones para construir su aula neurosensorial. Por eso, María, Andrea y todos los que conforman la familia Neuro Saber invitan a votar en www.santandersinlimites.com por la categoría Discapacidad.

Esa ardua labor de estimulación la desarrollan con varias estrategias y para eso los clasifican en varios grupos.

Los Neuroestrellitas tienen hasta 11 años y acceden a aulas regulares en jardines y colegios para trabajar la motricidad, mientras que los Neurocometas tienen discapacidad moderada y participan en actividades pedagógicas.

Los Neuroastros, de afectación más leve, “validan la primaria y el bachillerato y hacen talleres de reciclaje, bisutería y cosas así para vender”, explican con emoción el psicólogo Leonel Forero y la fisioterapeuta María F. León.

Por supuesto, abrirles las puertas al mundo no es tan sencillo. Al estar a cargo de la escolaridad, María ha visto ocasiones en las que “si los niños se portan un poco mal ya los quieren retirar de las instituciones, porque no todos los ‘profes’ están capacitados para el reto”.

Pese a las trabas, el equipo ha triunfado al vincular a unos cuantos ‘Neurosaberes’ en labores como la panadería.

Por eso, el equipo de Neuro Saber insiste en que “trabajar con niños con discapacidad es agradable porque se disfruta la convivencia, se sale de la rutina con sus disparates aunque se requiera de mayor tolerancia para ciertas situaciones. Es una labor supremamente agradecida pues el amor que brindan es incondicional”.

La trabajadora social Jéssica Tolosa y sus colegas insisten en un sueño: “Que todos entiendan que aunque ellos cuentan con unas desventajas, también tienen aptitudes y capacidades para ser productivos para la sociedad”.

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