Barrancabermeja
Domingo 21 de abril de 2013 - 12:00 AM

Habitantes de la calle no creen en el fin de su principal ‘olla’

“La orden es acabar con las ollas”, dijo el presidente Juan Manuel Santos el primero de abril de este año. En el oscuro y muchas veces impenetrable mundo del comercio de drogas en Barrancabermeja se piensa todo lo contrario.

Hasta el momento en Barrancabermeja no hay ni indicadores ni una legislación clara, que trace una hoja de ruta para tratar a las personas de la calle que consumen sustancias alucinógenas. (Foto: Edgar Pernett/VANGUARDIA LIBERAL)
Hasta el momento en Barrancabermeja no hay ni indicadores ni una legislación clara, que trace una hoja de ruta para tratar a las personas de la calle que consumen sustancias alucinógenas. (Foto: Edgar Pernett/VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: SONIA LUZ SUÁREZ SALAZAR

Para los habitantes de la principal ‘olla’ en Barrancabermeja, que, paradójicamente, está ubicada a una cuadra de la Estación de Policía de la ciudad, los operativos policiales que iniciaron en días pasados por mandato presidencial no son el fin.

“¿Quiere que le diga cómo acaba el Gobierno las ollas? Tendrían que matar a todos los indigentes de la ciudad, a todos”, dice ‘El Paisa’, un expendedor y consumidor de drogas en ese sector, cuando se le cuestiona sobre la ofensiva policial que el presidente Juan Manuel Santos lanzó contra ese sector.

“Sí, las cosas materiales las puede acabar pero los ladrones cada día van evolucionando más. Si la justicia les destruyó el barco ellos hacen otro barco. Si la justicia les vuelve a tumbar el barco ellos ya tienen otro barco preparado”, insiste entre sus alucinaciones el hombre de 33 años.

A ‘El Paisa’ no le cabe en la cabeza que el Gobierno pretenda limpiar de la ciudad a un sector lleno de personas que tienen más de 20 años con la sangre contaminada y a un negocio que, según él, está manejado por las mafias del país.

“Yo estoy de acuerdo con el Presidente, pero eso no se hace de boca. El problema es cómo las va a acabar. Para acabar las ollas primero tienen que acabar la mafia, la guerrilla y los ‘paracos’. Después esos grupos al margen de la ley, que los ‘Rastrojos’, que los ‘Urabeños’”, dijo.

Su historia

‘El Paisa’ llegó hace cuatro meses a Barrancabermeja proveniente de Medellín. Nació en Segovia (Antioquia) y tiene siete hermanos, cinco vivos y dos muertos.

Tiene dos hijas, de 14 y 16 años, que viven en Medellín con su mamá y de las que no sabe nada desde hace varios años. Afirma que estudió en la capital antioqueña y estuvo en un programa denominado Jóvenes con Futuro.

“Yo fui al Ejército, después aprendí carpintería, estuve en un curso de corte y confección en el Sena, pero me gusta trabajar mucho la calle, la calle es la que da más plata”, admite ‘El Paisa’.

Este hombre inició su vida en las drogas hace 25 años, cuando solo tenía ocho. Ya lleva 24 años con la marihuana, 17 años con el bazuco y 14 años con el perico.

“Yo me vine porque estaba en un combo en Medellín. Tuvimos problemas y me pegaron tres puñaladas. Yo llegué acá fue a rehabilitarme, no a radicarme”, dice.

La rehabilitación, aún en proyecto

Según el alcalde Elkin Bueno, su administración ha recibido información de habitantes de la olla que quieren dejar el negocio y dedicarse a otra cosa.

“Entonces nosotros hemos avisado a la Policía y a la Fiscalía y estamos tratando de desarrollar un plan que nos permita, no solamente en lo municipal sino en lo departamental, unir al ICBF para que implementemos la justicia penal juvenil”, dijo el mandatario.

Cabe recordar que dentro de su Plan de Desarrollo, Bueno incluyó la construcción de un centro de rehabilitación para consumidores de alucinógenos, el cual hasta el momento se ha quedado en el papel.

“Vamos a hacer una reunión cumbre el próximo mes donde vamos a reunir incluso a estancias nacionales del ICBF, de la Fiscalía General de la Nación y de la Procuraduría que tienen que ver con la vigilancia y control sobre este tipo de estrategias”, indicó.

Una esperanza para los de la calle

Todos los domingos, desde hace 14 meses, el profesor de español del Colegio El Castillo, Luis Eduardo Rincón Duarte, monta una olla grande con ingredientes que ha recogido previamente de personas o empresas de buen corazón. Con esto emprende una obra caritativa muy especial.

Él y un grupo de colaboradores, que pertenecen a la Asociación Espírita de Barrancabermeja, preparan el almuerzo para aproximadamente 80 personas de la calle, que circundan el sector del Cristo Petrolero, muy cercano a ‘la olla’.

En medio de un mundo que parece impenetrable, este docente logró una labor titánica: los indigentes lo respetan, lo admiran y, sobre todo, lo esperan con ansias cada domingo al mediodía.

“Llegamos a las 7:30 de la mañana. Esta vez vamos a hacer arroz con pollo. Varios comerciantes nos ayudan, unos nos ponen el arroz, otros las pechugas y otros me colaboran en preparar la comida”, comentó Luis Eduardo.

Luego de más de un año de trabajo con los indigentes, ha aprendido a lidiar con esas personas que a veces están desorientados, pero siempre hambrientos.

“Al almuerzo le echamos algo que en ninguna otra parte les dan a ellos, mucho amor. Recuerdo que desde hace tres años Dios me mostraba que debía hacer esta obra, en este lugar precisamente”, agregó.

Al principio sus beneficiarios se mostraban renuentes y era muy frecuente que le preguntaran si venía de parte de la Policía. Hoy ellos mismos le cuidan el carro y se encargan de protegerlo.

“Al almuerzo han venido personas de la tercera edad y familias que llegan desplazadas. A veces llegan sinvergüenzas, personas que uno sabe que trabajan. A esos sí no les doy”, aclaró.

Un observatorio social

Para el Concejal Luis Eduardo Velásquez, quien se desempeñó como líder en la comuna Uno de Barrancabermeja, el Gobierno Nacional tiene la obligación de mirar el problema de la drogadicción también desde el ámbito social.

“En algún momento del pasado se tomó la decisión de atacar fuertemente la ‘olla’ y esto lo que ocasionó fue que el problema se expandiera a otros sectores de la ciudad. En este caso, cuando ya hay una orden presidencial, considero que se debe llevar, a la par con las acciones policiales, un control social”, señaló el edil.

También resaltó la propuesta del alcalde Elkin Bueno, quien en un Plan de Gobierno incluyó la construcción de un centro de rehabilitación para drogadictos.

“Desde el Concejo hemos propuesto que se desarrolle también un observatorio social, que nos ayudaría no sólo con este sino con otros problemas sociales. Sería una buena herramienta para conocer los indicadores y saber a ciencia cierta qué problema es el que estamos enfrentando”, concluyó.

Un poco de historia

La popular ‘olla’ ubicada a pocos metros del Paseo del Río tuvo sus inicios a mediados de la década de los 60, cuando se hizo popular el consumo de marihuana en Barrancabermeja.

Según el historiador Arturo Moncada, miembro de la Corporación Memoria y Patrimonio, la comercialización de alucinógenos se popularizó con la llegada de la salsa.

“Había un kiosco de salseros que era administrado por alguien que le decían Jhonny y estaba ubicado cerca de la estación de servicio El Trébol. Otro lugar en donde se conseguía hierba era en un kiosco del barrio El Dorado”, relató el historiador.

Tenis con los indigentes

Óscar Villamizar Pinzón, más conocido en el ámbito deportivo como ‘Mirringa’, nunca pensó que un diagnóstico médico que pronosticaba un fatal desenlace para su hija fuera a ser la excusa para iniciar una causa noble.

“Le prometí a Dios que si nos sacaba bien de esto le ofrecía una obra en agradecimiento a él. El trabajo que escogí fue con la gente que está desprotegida, que son los habitantes de la calle”, relató el instructor de tenis del Club Miramar.

Reconoce que, inicialmente, fue difícil ganarse la confianza de los indigentes, pero su entereza pudo más que los obstáculos que el destino le puso para cumplir con la promesa que había hecho.

“Empecé a invitarlos a jugar tenis, les llevé un pastor y así me gané su confianza. Ahora me siento más protegido allá con ellos que en cualquier otra parte porque ya todos me conocen”, añadió.

Para Óscar la intervención que haga el Estado en ese sector debe ir acompañada de una importante ayuda económica debido a su extremo nivel de pobreza, que los ha llevado a vivir en las calles y a carecer de todo servicio público vital.

“Aquí ha sido difícil hablar de solidaridad con varias personas. Algunos me dicen ‘usted los alimenta por la tarde para que roben por la noche’. Me he encontrado con empresas contratistas que se han negado a colaborar”, acotó.

El sábado pasado el menú fue huevos con papa salada. ‘Mirringa’ llega a las 4:00 de la tarde a la plaza cívica y antes de alimentar a cerca de 90 indigentes que se acercan, los pone a jugar tenis.

“Yo hago que ellos jueguen para que se desintoxiquen un poquito. Luego comen y cuando me sobre me voy a terminar de repartir en la ‘olla’. Algunos llegan muy drogados y se toman una mezcla de alcohol etílico con coca-cola para poder comer”, señaló.

comerciantes del sector del Muelle opinan

¿Cree en la orden presidencial de acabar con las ollas?

Jorge Martínez
Zapatero
“Eso es muy difícil. Porque hoy acaban unos y llegan otros al día siguiente”.

Rosalía Campo
Vendedora de pescado
“Es un problema social difícil porque cuando los quiten de acá se van para los barrios y la situación empeora”.

Amanda Páez
Empresaria
“El problema no es que acaben los expendios y destruyan las cosas materiales, sino que involucren a las personas a una vida más digna”.

Publicado por: SONIA LUZ SUÁREZ SALAZAR

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