domingo 25 de enero de 2009 - 10:00 AM

¡Descansen en paz!..

A las 2:40 p.m. de ayer, fueron sepultados en el cementerio Jardines del Silencio los restos óseos de cinco de los 25 desaparecidos en la incursión cometida por los paramilitares el 16 de mayo de 1998 en la Comuna Siete de Barrancabermeja.

Su sepelio se dio luego de una misa campal celebrada en la cancha del barrio El Campín, lugar del que se llevaron a la mayoría de víctimas, y precedida por las autoridades eclesiásticas de la ciudad, la misma que atónita miró pasar la caravana que condujo a los restos hasta su última morada.

Ricky Nelson García, Ender González, Oswaldo Enrique Vásquez, Óscar Leonel Barrera y Wilson Pacheco fueron despedidos por amigos, allegados y familiares, quienes insisten en conocer la verdad del porqué asesinaron a sus seres queridos, delito que, presuntamente, se cometió con complicidad de las Fuerzas Militares de la Época.

'Sin la memoria la verdad es mentira, la justicia ventaja impune y la reparación sólo migajas', rezó un plegable distribuido en la ceremonia, que incluyó la memoria de las 20 personas que siguen desaparecidas. 'Hay personas como mi madre, que se resisten a creer que estén muertos. Yo creo que sí lo están', expresó Rocío Campos Pérez, hermana de Daniel Campos Pérez, aún sin encontrar.

Familias y organizaciones sociales acordaron en que, si bien el hallazgo de los restos es el comienzo del fin de una década de dolor, no es el final del duelo, un duelo que sólo se podrá elaborar cuando todos y cada uno de los desaparecidos estén con sus familias, aunque sea en cofres de madera.

La identificación


Según declaraciones tomadas del diario El Tiempo, la ubicación de los restos óseos se dio gracias a la información suministrada por un informante. El hecho fue corroborado por la directora del DAS en Santander, Inírida Cecilia Pérez, quien dijo que el emisor recibió un pago por ello, cuyo monto no fue revelado.

Los restos fueron encontrados en la vereda Mata de Plátano, jurisdicción de Sabana de Torres, Santander, el 22 de septiembre de 2007. Se encontraban en dos fosas comunas, una contenía cuatro restos y la otra dos. La cifra suma entonces suma seis osamentas.

De ellas, una aún no ha sido identificada, pues sólo hasta pocos días fue hallado el paradero de las tres familias a las que aún no se les habían tomado las muestras de ADN.

Según los familiares, la identificación de los primeros dos desaparecidos se dio en octubre del año pasado, pero decidieron esperar hasta que estuviera la de todos para dar la noticia. Así fue como el 16 de diciembre, la Fiscal 34 Delegada de Derechos Humanos de Bucaramanga les anunció el reconocimiento de los cinco barranqueños que ayer fueron sepultados.    

En la búsqueda de los restantes

Francisco José Campo, director de la Corporación Nación, anunció que, de acuerdo con testimonios de versionados y de algunos aservos probatorios, hay pistas de que el resto de desparecidos del 16 de mayo de 1998, también están ubicados en inmediaciones a la vereda Mata de Plátano, jurisdicción de Sabana de Torres, Santander.

Dijo, asimismo, que la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía ya se encuentra en el sitio. Frente a ello, una fuente del DAS dijo a el periódico El Tiempo: 'Calculamos que tras la selección de los grupos, repartidos en varias veredas, los paramilitares se demoraron entre 24 y 48 horas para cometer los asesinatos. Esa Información nos lleva a suponer que los 20 restantes desaparecidos están en fosas no muy lejanas, que ya estamos buscando'.

Relato histórico

El 16 de mayo de 1998, a las 8:30 p.m., tres camiones cargados de paramilitares comenzaron en el bar La Tora lo que se denominó la caravana de la muerte.

Allí, dos jóvenes fueron obligados a subir a uno de los camiones. Con ellos en su poder, se dirigieron hacia la cancha del fútbol del barrio El Campín, en donde se realizaba un bazar popular.

Los asistentes fueron obligados a tirarse al piso, mientras eran tildados de guerrilleros. Un grupo de personas, entre el que se encontraba una mujer, fue obligado a ocupar los vehículos. Una de las víctimas se rehusó a subir y fue degollada.

El recorrido terminó en el barrio 9 de abril, en donde se llevaron a tres personas que estaban en un billar y a otras tres que estaban en la calle jugando tejo. Uno de los asistentes opuso resistencia y fue asesinado de tres balazos.  

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