domingo 31 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Pensionados ferroviarios no se atreven a despedirse

Del ferrocarril en Barrancabermeja queda la tradicional vía que sirve de orientación, la estación convertida en cafetería, una locomotora a vapor que hace las veces de monumento, y sobre los rieles carcomidos por el oxido, una gran fábrica de chatarra y basura.

De los viejos vagones que transportaban petróleo desde Tello, en Neiva, hasta Barrancabermeja, los cafeteros y los que cargaban la cosecha de algodón del César hasta Medellín, no queda nada, sólo el recuerdo de unos pocos que se aferran a no olvidar la época.

Es por eso que en un pequeño garaje ubicado en el barrio Santana, Comuna Cinco, todavía hay espacio para que esta comunidad fraterna de adultos mayores rememoren tantos años de trabajo.

Allí está ubicada la Fundación Nacional de Pesionados Ferroviarios, Funalpenfer, capítulo Barrancabermeja.  Ésta es una de las tres asociaciones de pensionados que sobreviven en la ciudad, agremiando a 240 personas que le dedicaron parte de sus vidas al tren.

Para ellos, el declive del sistema, que desarrolló al país, tiene un solo nombre: César Gaviria Trujillo, presidente de Colombia en el periodo de 1990 a 1994.

Fue en esa época cuando se decidió que las líneas férreas serían gerenciadas desde Bogotá.

'Desde ese momento hasta lo más mínimo tenía que ser ordenado por Bogotá, y hacían cosas que uno no se explicaba. Paraban locomotoras completas sin ninguna explicación', afirma Antonio Gómez, presidente de la asociación.

Y añade, 'esto se llenó de politiquería, monopolizaron todo, estaba lleno de ratas de dos patas'.

Las vidas que se alimentaron de vapor


Con un discurso que había preparado 15 minutos antes de su intervención Antonio Gómez, de 65 años, fue el primero en pedir la palabra cuando el Instituto Nacional de Concesiones, Inco, socializó la propuesta del Sistema Férreo Central en Barrancabermeja, hace 15 días.

Su intervención fue larga y puntual, exigiendo que el megaproyecto que se planteaba le devolviera a Barrancabermeja y al país lo que la burocracia y la politiquería le habían arrebatado: los ferrocarriles, el empleo y toda la dinámica económica y cultural que se forjaba a lado y lado de los rieles.

'Por experiencia sabemos que las concesiones son un monopolio centralista, nuestro único interés es que se reactive la vía férrea, no sacamos nada con que se levante la vía central del país si los pueblos no se vuelven a interconectar', asegura.

los rieles en el Puerto Petrolero

El primer ferrocarril en Barrancabermeja era un tren privado propiedad de Ecopetrol, que conducía a los trabajadores de la Refinería a El Centro. La estación del ferrocarril se construyó en 1954.

Luego la vía férrea se amplió y se hacían viajes a Bucaramanga, a Puerto Wilches, Puerto Berrío, Gamarra y otros municipios cercanos. En 1961 se hizo la integración de la línea férrea nacional, por lo que el tren hacía viajes más largos, hasta Bogotá, Santa Marta y Medellín, aunque no dejaba, por ello, de dinamizar la economía local.

'El tren local servía para que los campesinos sacaran arroz, plátano, yuca. A ellos se les cobraba más barato y se hacían paradas en cualquier lado donde estuviera una banderita blanca, que ellos colocaban para que el tren parara. Se llamaba parada de bandera y era obligatorio hacerla', afirma
Las rutas de este tren permitían el comercio entre Puerto Berrío, Gamarra, Puerto Wilches y Barrancabermeja.

Y aquí como en todos lados, los trenes tenían nombre, como por ejemplo el ‘Iguanero’, que iba a Bucaramanga. 'Se llamaba así porque por las montañas uno lo que veía eran cientos de iguanas, o el tren de ‘palito’, porque los asientos eran de madera, incómodos y mucho más baratos', relata Arévalo.

20 años de historia  


Antonio Gómez ha estado al frente de la fundación durante los últimos 15 años. Ingresó a los ferrocarriles a los 19 años como obrero y su último cargo lo desempeñó como jefe de paradas y en la dirección del reporte gráfico.

'Yo era recién bachiller y encontré en un periódico que una empresa de transporte necesitaba bachilleres, así ingresé', relata Gómez.

Por su parte, Milciades Navarro, operador de locomotora, afirma que, 'en ese tiempo no habían cartas de recomendación, los callos de las manos hablaban por uno. Entonces si querían saber si uno había trabajado le miraban las manos'. Los dos pensionados sirvieron al sistema ferrovario durante casi 20 años de su vida.

El romanticismo ferroviario

scuchar a los pensionados hablar de los ferrocarriles, es sentir como ellos, una mezcla de sentimientos. 'Para nosotros esa fue nuestra vida, allí aprendimos a hacer de todo, esa fue nuestra escuela, y para cada cosa que tuviéramos que hacer construíamos nuestras propias herramientas, todo fue con las uñas. Por eso fue que cuando se acabaron todos quedamos desocupados, cada uno tenía su especialidad, había más de 150 cargos diferentes', asegura Gómez.

Lo mismo piensa Navarro, hijo adoptivo de Barrancabermeja, que trabajó en los ferrocarriles 20 años y diez meses. Su primer sueldo fue de 8 pesos con 10 centavos, y como relata, 'durante 12 años desde la locomotora cientos de amaneceres y puestas de sol, sintiendo como arrastraba desde el primer vagón, toda la carga, que era una responsabilidad enorme. Eso no creo que lo pueda olvidar', relata.   

 

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