domingo 28 de junio de 2020 - 12:00 AM

Un abrazo que espera en el mar del tiempo

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Esta crónica habla del amor y el sacrificio de Renzo Puentes y Angie Katherine Ortega. Este fue su legado, su mayor gesto de amor que ocurrió en Barrancabermeja. Su historia causó conmoción en Santander, en donde conocieron el acto de heroísmo de un hombre que murió mientras salvaba a su bebé de las llamas.

Esta historia ocurrió en Barrancabermeja en 2016, tiene muchos capítulos, pero solo contaré los tres últimos.

Este capítulo se llama El Amor

Fue una noche calurosa de mediados de 2016 en Barrancabermeja cuando apareció por uno de los pasillos. Renzo estaba vestido de blanco con una chaqueta azul claro y una flor blanca en el bolsillo del pecho, caminó sintiendo a quemarropa el silencio nervioso de las miradas de familiares y amigos que los acompañaban en esa fecha especial.

De pronto, allí estaba ella. Angie Katherine. Con su cabello largo negro. Un vestido blanco de encajes. Una sonrisa transparente, unos pequeños aretes que jugaban con su rostro, cargaba una inocente expectativa y un ramo de flores de color blanco, que sujetaba con delicadeza en sus manos.

Ella se sentía hermosa de pies a cabeza. Sonreía a pesar de los párpados algo cansados que quedaron de la última noche antes de casarse. Allí estaba, dispuesta a decir sí.

El mundo parecía sumergido en ese instante. Los dos se miraron. Se vieron y el mundo simplemente parecía detenerse.

El secreto entonces consistía en apoyarse en las palabras de Angie Katherine cuando le dijo a Renzo que recibiera su anillo como signo de amor y fidelidad por mucho tiempo. Renzo la miró ratificándole que su corazón le pertenecía. Le dio un anillo. Llegaron las bendiciones. Nació la calma. Ella cerró los ojos, e inventaron un beso entre los dos. Los invitados estaban perplejos. Una bonita lluvia de melancolía envolvió a todos en ese recinto. Se escuchó un aplauso. Sonrieron, como solo ellos dos sabían hacerlo.

Daniel Dueñas, uno de los mejores amigos de Renzo, califica a este comerciante como una persona “alegre, feliz, honesta y luchadora por su trabajo y su familia. Siempre tenía la cabeza en alto. Angie Katherine siempre fue una gran mujer. Con proyecciones, con ideas nuevas. Ellos estaban felices por la llegada de su bebé. Fue una alegría enorme para los dos...”.

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Este capítulo se llama Caos

El fuego se tomó el local comercial. Ardió madera, ropa, plástico y demás productos del almacén ‘Malibú Shop’, ubicado en la calle 49 con carrera 19, sector conocido como la Zona Rosa Comercial de Barrancabermeja. Las llamas se apoderaron de todo. El calor era insoportable. Las sirenas de los carros de bomberos y la Policía fueron silenciadas por los gritos de la gente. Comerciantes del sector pedían que los sacaran. Pero el fuego fue poderoso. Alguien gritó que adentro había un bebé. Estaban atrapados. Pero el fuego, el fuego, lo consumió todo.

En el interior del local, donde además quedaba su vivienda, estaban Renzo, Angie Katherine y su bebé de tan solo 38 días de nacido. Un humo negro lo cubrió todo. Lo contaminó todo. Lo quemó todo. Los gritos no cesaban en la calle. Pasaban de las ocho de la mañana de ese jueves, era imposible llegar hasta ellos.

Las autoridades afirman que la pareja con su bebé intentó llegar hasta la puerta de salida. El fuego se los impidió. No pudieron. Las llamas les cerraron el paso. Se encerraron entonces en la habitación. Junto a ella, una pieza que funcionaba como almacén de mercancía, avivó el fuego. Cerraron la puerta. Afuera, integrantes del Cuerpo de Bomberos de Barrancabermeja lanzaron chorros de agua presión para derrotar el incendio. Se acababa el tiempo. Debían ser rescatarlos ya.

Al fin entraron. Bomberos con máscaras de oxígeno y trajes especiales encontraron a Angie Katherine desmayada. Su cuerpo registró graves quemaduras. Perdió parte de su piel. Dos rescatistas la sacaron lo más rápido que pudieron. En la calle reinaba el caos y la desesperación. Un grupo de personas y curiosos los acosaron en la calle mientras intentaban subirla a la ambulancia. Tanto, pero tanto, que un bombero les pidió que se apartaran. Angie Katherine seguía su lucha por la vida. Detrás salieron del local.

Otro bombero sostuvo en sus brazos al bebé. El pequeño tenía una camisita blanca. Estaba inconsciente. Su cabeza desgonzada se movió con los ademanes bruscos del hombre que buscaba la ambulancia.

El caos no cesó. Los gritos aumentaron al verlo. Le dieron oxígeno. Registraba quemaduras. Para ese momento, respiraba. El último en ser retirado fue Renzo. Varios bomberos lo cargaban. Mientras adecuaron la camilla lo acostaron en el pavimento. Intentaban reanimarlo.

El capitán Alexander Díaz, comandante del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Barrancabermeja, quien estuvo al frente de la emergencia, aseguro que los dos adultos y el menor de edad, involucrados en la emergencia, no fueron alcanzados por el fuego.

“Ellos se vieron afectados por las altas temperaturas que resistieron sus cuerpos al estar en esa habitación. Estamos hablando que ellos debieron soportar temperaturas entre 170 y 230 grados centígrados, quizás una temperatura mayor. Cuando nosotros llegamos, ya se trataba de un incendio declarado e iniciamos las maniobras defensivas y de rescate. Ellos no tuvieron vía de escape...”.

De pronto, en medio de tal caos hubo una especie de silencio. Un comentario se amarró de boca en boca entre quienes estaban en el operativo. Los curiosos en la calle lo difundieron. Se dice que hubo personas que lloraron ante el acto heroico de estos padres, que justo en ese momento, luchaban por su vida. Otros se sorprendieron. En medio la tragedia, resplandeció una luz de esperanza.

Uno de los integrantes del grupo de rescate le contó a Daniel Dueñas que Renzo tomó la decisión de sentarse debajo de la ducha sosteniendo a su bebé en brazos para que el agua le permitiera continuar con vida, hasta que fueran rescatados.

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“Lo encontraron debajo de la ducha, con la llave abierta, abrazando a su hijito, que estaba envuelto en una cobijita. Renzo le hace el gesto largándole los brazos para entregarle al niño al rescatista. En el momento en el que entrega el niño, ya que como que toma una posición de descanso...”, aseguró Daniel Dueñas.

A los pocos minutos, en los radios de bomberos y policía que seguían inspeccionado el local se notificó que Renzo murió. No sirvieron las maniobras de reanimación. Falleció pasadas la 9:30 de la mañana de ese jueves 17 de noviembre de 2016. A sus 32 años, fue un héroe.

“La posición que tenía (Renzo) al bebé, permitió que el pequeño recibiera agua de la regadera. Indiscutiblemente acá actuó Dios, siempre lo he dicho. Segundo, la valentía de los padres. Tomar la decisión de ponerlo debajo de la regadera, creemos nosotros que le ayudó a salvar la vida a su hijo...”, concluyó el capitán Alexander Díaz, comandante del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Barrancabermeja.

Este capítulo se llama Dolor y Esperanza

Angie Katherine Ortega, de 24 años, esposa de Renzo, fue trasladada en ambulancia a un centro hospitalario en donde la estabilizaron y la remitieron a la Unidad de Quemados del Hospital Universitario de Santander. Carlos Ramírez, jefe del pabellón de quemados del HUS, recordó que la joven de 24 años registraba quemaduras de tercer grado en el 64% de su cuerpo, adicionalmente, quemaduras en la vía aérea, lo que complicó su recuperación y la llevó a la muerte un día después del incendio.

El bebé fue atendido inicialmente en Barrancabermeja, remitido a Bucaramanga y luego regresó al Puerto Petrolero. El pequeño ingresó en muy malas condiciones y fue internado en una unidad de cuidados intensivos. Pasaron unas semanas y el pequeño respondía a los tratamientos, que nadie le atribuiría una batalla a la muerte del dolor. Pero él, en lugar de morirse, se quedó abrazado a todos sus huesitos. Aferrado a las palabras de su papito y mamita, que con sus actos le dijeron que no es tiempo de ir a verlos al cielo, donde están con Dios.

“El bebé sobrevivió a unas quemaduras muy severas, con el agravante que tenía quemaduras de la vía aérea e intoxicación por monóxido de carbón. Los padres fallecieron, pero salvaron a su hijo. Este es un caso muy triste y si existen los milagros, este podría ser uno de esos...”, aseguró el médico Carlos Ramírez, jefe del pabellón de quemados del HUS.

Todas las vidas son diferentes. Creer, amar, dar, entregar, acariciar, llorar, besar, no olvidar, son acciones que determinan el rumbo de nuestras vidas. Estas fuerzas dominan nuestra existencia y sobreviven a nuestra muerte. De la cuna al cementerio estamos unidos a otros, a quienes amamos. Con cada gesto, con cada acto de amor forjamos nuestro legado. Esta historia habló del amor y el sacrificio de Renzo Puentes y Angie Katherine Ortega, quienes esperan, en los océanos del tiempo, volver a abrazar a su hijo.

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