Los hurtos continuaron en la capital Comunera. Así lo dio a conocer la comunidad tras denunciar que el viernes en horas de la tarde en el barrio Chiquinquirá dos delincuentes encapuchados ingresaron a un establecimiento comercial y a una casa, donde amarraron a tres personas y les arrebataron elementos, joyas y dinero.

Publicado por: NANCY GÓMEZ CALA
El robo tuvo lugar en la calle 10 con carrera 12, en el negocio La Tienda del Pc, de venta de computadores y servicio técnico, cuando su propietario, de 48 años se encontraba atendiendo y de pronto dos hombres ingresaron al local, aprovechando que no se veían más personas en los alrededores, usaron capuchas y amedrentaron al comerciante.
“Estábamos viendo televisión con mi hermana, en la casa de al lado. Yo sentí que habían corrido la vitrina durísimo, entonces me fui a ver por qué sonaba y cuando me asomé el tipo tenía a mi hijo en el suelo cruzándole los brazos y amenazándolo con un revólver. Entonces grité”, relató la segunda víctima.
Los delincuentes le apuntaron con otra arma a la mujer, los llevaron junto con la otra señora al interior del local, que comunica con la casa, y se pasaron a la vivienda.
Las señoras de 68 y 60 años de edad, respectivamente y el comerciante fueron amarrados y dispuestos de espaldas; entre tanto los dos asaltantes revisaron cuanto pudieron y en aproximadamente 20 minutos recogieron un millón de pesos en efectivo, otro tanto en joyas de oro, cámaras fotográficas y 3 celulares.
Uno de los hombres le quitó una pulsera de un brazo a la mujer de 68 años, con lo cual esta alcanzó a apreciar que sus manos eran de tez morena. Había un hombre que era alto y fornido, de acuerdo al relato de la familia.
Acto seguido efectuaron una llamada por celular donde le avisaron a un tercer implicado para que enviara un carro que los recogiera en la casa y proceder a sacar las cosas.
Finalmente los dos hombres se perdieron sin dejar rastro y la mujer de 60 años, luego de forcejear por alrededor de diez minutos, liberó una de sus muñecas y pudo cortar las correas de plástico con que habían amarrado a su familia, para avisar por teléfono a la Policía.













