domingo 14 de abril de 2019 - 12:00 AM

El talento con las motos de un hijo del campo

José Armando quiere llegar a competir con los grandes; por ahora divide su tiempo entre las labores del campo y el entrenamiento en su moto. A sus 20 años quiere fortalecerse en cross como una disciplina para su vida.

Reynaldo Bayona solo era un asistente más. Hacía parte del público junto con familiares y amigos. Frente a él una pista en tierra con más de 20 obstáculos: muros, llantas de carro acostadas para dificultar el tránsito, barrancos con pendientes de más de 10 metros; incluso, lo que quedaba de un viejo Renault 9 se prestaba para que cerca de 30 motociclistas lo superaran pasando sobre él.

El hombre iba como espectador a una actividad de endurocross y nunca imaginó que su segundo hijo, José Armando, hacía parte la competencia de un deporte que apenas está tomando fuerza en Socorro. Sonó el silbato y el joven de 20 años aceleró.

Talento innato

El gusto por los vehículos de dos ruedas lo lleva desde niño. Como él dijo “casi aprendo a montar primero en cicla, antes que caminar”.

Con los años tuvo una más grande y luego ya su primera moto. La vida en el campo, en la vereda Alto de Reinas del Socorro le enseñó a soportar golpes: de las ramas de los árboles en su cara, del mismo transporte cuando llovía y la carretera se volvía imposible de transitar, y mientras iba aprendiendo a levantar la llanta delantera de su moto y haciéndola avanzar solo con la trasera.

Es un tipo inquieto, de esos que necesita estar en movimiento. Incluso en esta entrevista no dejaba de mover sus piernas y estuvo sentado únicamente mientras respondió las preguntas.

José, o ‘Tote’, como lo llamaban de niño, dedica su vida al campo y al entrenamiento en motos de cross. Incluso cuenta que administra el tractor de su papá y los campos arados los transita en su DT 175.

“Esto es una pasión. Inicié molestando y haciendo canguros. Luego ya supe de la existencia de este deporte, de competencias como motocross y endurocross, y ahí empecé a entrenar. Cada domingo es dedicado a esto”, comenta el deportista.

Deporte en crecimiento

El deportólogo y secretario de Deportes de Socorro, Jaime Villamil, explica que el motocross es una competencia todoterreno que se hace en circuitos cerrados.

La exigencia física, anota, es muy alta porque se da en todo tipo de condiciones. “Dentro de esto hay una modalidad llamada endurocross. Esta se practica en campo tanto abierto como cubierto. Hacen recorridos por rutas establecidas directamente por la organización, así también como los tiempos, sobre una pista llena de obstáculos que exige habilidad, fuerza, concentración y velocidad. Además es un deporte costoso”, detalla.

Asegura que se trata de una actividad atractiva para la comunidad y menciona que su gusto por el crecimiento que ha tenido en la región y que la gente tenga la oportunidad de conocer otras modalidades deportivas.

“Ellos deben organizarse, tener líderes que conozcan realmente de la educación física y llevarlo mucho más allá de un pasatiempo. Deben agremiarse para que entren en el Sistema Nacional del Deporte y así reciban apoyo del Estado”, afirma.

Villamil informa además, que bajo la Ley 181, Decreto 1225, el Gobierno exige que debe existir una organización deportiva para tener aval y reconocimiento en proyectos futuros.

El costo de un hobbie

El sonido de un motor resulta ensordecedor; pero los de 30 motocicletas al mismo tiempo emocionan a cientos de espectadores.

La competencia arrancó y varias de ellas tienen problemas para superar la primera barrera de más de dos metros de altura.

Las motos se golpean una y otra vez, resultado de la impaciencia de los conductores por avanzar. Reynaldo vio a su hijo. Su molestia y miedo fue evidente, pero no tuvo de otra más que gritar casi hasta las lágrimas: “¡vamos José. Duro papá. Usted puede!”.

“Mi familia casi no me apoya porque les da miedo que me pase algo. Es un deporte de alto riesgo, pero yo siento que es un don. Me siento cómodo en mi moto, se me aprieta el pecho de tener un público admirando”. José Armando descargó su fuerza en la suspensión de las barras, se concentró para aplicar las técnicas que ha aprendido con Youtubers, dio un salto que superó los tres metros y terminó primero.

Razón tuvo Álvaro Villamil al decir que se trata de un deporte costoso. En la primera competencia que ganó el amateur del motocross manejó una W450 que alquiló a un conocido por $100 mil. Nueva, señala, puede llegar a costar $40 millones, aproximadamente.

Usó un viejo traje que su hermano mayor, Óscar Edwardo, tenía guardado. Lo había comprado años atrás en $2 millones. En el mercado el precio podría pasar los $5 millones. “Toca con paciencia. Crecer primero en la región y el departamento. Quiero prepararme y llegar a ser como Mario Roman quien es un competidor a nivel mundial”, admite.

Nuevas disciplinas

José Armando aún no termina la etapa escolar. Se expresa con fluidez; es seguro de sí mismo. Argumenta que no siente pasión por la parte académica y que es momento de que la sociedad entienda que hay nuevas formas de crear futuro y que en lo que hasta ahora es un hobbie busca formación, reconocimiento y generar ingresos.

No fuma, no toma y no llega tarde a casa. Todos los días se levanta a las 4:30 de la mañana, coordina obreros y entiende a la perfección el oficio del campo. Cree en Dios con devoción, no falta a misa los domingos y suspenderá el entrenamiento durante Semana Santa porque “Dios merece respeto. Él nos abre caminos y nos da la capacidad de experimentar nuevas disciplinas. Me siento orgulloso de lo que hago, de quien soy. Qué bueno que los jóvenes como yo busquen sus pasiones y hagan actividades sanas”.

Está listo para su segunda carrera. Hay un espacio vacío porque su papá no está en la tribuna. Decidió bajar y ubicarse en ciertas zonas para tener la mejor posición y no perderle la mirada a su hijo durante todo el recorrido. Tiene el teléfono listo en la mano. Lo busca con sus ojos entre el numeroso grupo en la zona de salida. José le extiende la mano con el pulgar hacia arriba, Reynaldo le sonríe tímidamente, sus ojos se encharcan. Suena el silbato y José acelera.

Debía pasar una pista en tierra con más de 20 obstáculos: muros, llantas de carro acostadas, barrancos con pendientes de más de 10 metros; incluso, lo que quedaba de un viejo Renault 9 se prestaba para que cerca de 30 motociclistas lo superaran pasando sobre él.
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