miércoles 10 de julio de 2019 - 12:00 AM

Socorrana pide ayuda ante quebranto de salud

Graciela padece una enfermedad crónica degenerativa. Un grupo de socorranos se ha unido en una campaña que pretende darle una mejor calidad de vida. La mujer habló con Vanguardia.

Graciela Moreno Ramírez difícilmente pudo mantenerse de pie durante la entrevista. El dolor físico, los quebrantos de salud y su precaria situación económica se hacían notorios en su rostro. Con su voz quebrantada llora angustiosamente. Señala tener pena, pero que la misma necesidad la ha llevado a pedirle ayuda al pueblo socorrano para poder arreglar su casa que está en obra negra. No tiene pensión, no recibe ayudas y trabaja haciendo dulces de arequipe con breva para tratar de sobrevivir y cuidar a su hijo Franchesco, quien padece de esquizofrenia.

Ante esto, el grupo de oración de la Parroquia de la Chiquinquirá, encabezado por Jesús “Chucho” Cruz, ha iniciado una campaña de solidaridad para ayudar a la mujer: “Ella está pasando por una situación de salud muy delicada, sumado a que su economía es precaria. Con el grupo de oración estamos trabajando en la búsqueda de materiales para construcción y poder poco a poco restaurar su casa. Cualquier ser humano debería vivir dignamente y es lo que queremos por ahora. Esto le ayudaría a dejar de pagar un arriendo de 600 mil pesos, que con los dulces que vende no puede costear”. Señaló además que son necesarios tableta, puertas y cemento.

Graciela es socorrana de nacimiento y desde los 13 años aprendió a hacer dulces luego de que una tía le dijo que “si aprende este oficio, con seguridad nunca le faltará nada”. Y fue así. Con arequipe, confites y brevas sacó a sus 5 hijos adelante y hoy, pese a que padece de artrosis aún ve por uno de ellos: “Franchesco tiene 42 años y padece de esquizofrenia. Cuando el seguro no responde y le demoran los medicamentos yo debo comprárselos porque si no se pone muy mal. Incluso he tenido que sacar paga diarios con intereses del 20 y 30 por ciento para poder comer. Hoy me veo en la penosa obligación de darle la cara a la gente del Socorro para que por favor me ayude. El dolor físico es insoportable, no me pueden operar y lo que trabajo ya es muy poco”.

La impotencia de Graciela es enorme pues recuerda las épocas en que ella sola alzaba los bultos de azúcar y brevas cuando llegaban a su casa. Pero su cadera ya no da para eso. “Las ventas bajan porque ahora todo el mundo sufre de azúcar y tiene diabetes. Eso es lo que me dicen y no me compran. He trabajado tanto en la vida que yo creo que el cuerpo me está cobrando arriendo”.

Si usted quiere hacer sus donaciones puede contactar a Graciela o a Jesús Cruz en el número de teléfono 3138564577.

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