viernes 02 de agosto de 2019 - 4:06 PM

El ‘Instagrammer’ de raíces santandereanas

De madre y abuelo santandereanos, su niñez la vivió en Oiba siempre en contacto con la naturaleza. Ha visitado 72 países y hoy se gana la vida con Instagram, donde ya ha trabajado con más de 40 marcas reconocidas.
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Christian Byfield normalmente pasa desapercibido en el “mundo real”, pero una vez lo indentifican como uno de los ‘Instagrammers’ más importantes de Colombia, pasa del anonimato al reconocimiento en el “mundo digital” (@byfieldtravel).

Lo encontramos en Los Ángeles, California, donde fue invitado por la Oficina de Turismo de Estados Unidos para que conociera los difefentes destinos que ofrece este país, y por supuesto, para que dejara plasmada esta visita en sus redes sociales.

En esta charla, Christian nos cuenta cómo es la vida de un ‘Instagrammer’, cuáles son los lugares imperdibles de Santander. También entrega algunas recomendaciones para los viajeros que quieren seguir sus pasos.

¿Cómo fue esa infancia en Santander?

Yo nací en Bogotá, pero mi mamá es santandereana y toda la familia por parte de ella también. Mi abuelo nació en Matanza. Entonces, crecí en una finca al lado de Oiba. Todas mis vacaciones y fines de semana eran ordeñando vacas, cogiendo café, montando a caballo.

¿Qué recuerdos vienen a su mente cuando piensa en Santander?

Mucha naturaleza. Recuerdo que había una cascada que se convirtió en el sitio sagrado para ir a conectarme. Me recuerdo nadando entre ríos, jugando con perros, vacas, loros, tomando Kola Hipinto, esa fue mi infancia en Santander. La pasaba mucho en Bucaramanga porque ahí viven mis abuelos y allá había un trampolín gigante en el Club Campestre, que era el miedo de todos los chiquitos. El primer miedo que uno supera en su infancia en Bucaramanga es saltar de ahí. Recuerdo las empanadas del Campestre, las mejores del mundo.

¿Por qué elige estudiar Ingeniería Industrial?

Empecé a estudiar Ingeniería Industrial en Bogotá como por presiones sociales, no me gustaba mucho, pero me decían que el éxito era asociado a plata y dije, bueno, entonces si quiero ser exitoso tengo que estudiar una carrera que me dé plata, así no me haga feliz. Estuve encorbatado cuatro años en una banca de inversiones y luego en una constructora. Mi concepto de éxito hoy en día ha cambiado muchísimo. En ese entonces era trabajar en una firma de estas con sueldos grandes, proyecciones grandes, muy enfocado al mundo material.

¿Eso fue porque desde pequeño le inculcaron estudiar eso?

No, pero yo hablaba de Antropología o Biología y me decían que los biólogos se mueren de hambre, que los antropólogos no tienen con qué montarse a un avión, entonces como siempre me ha gustado viajar, yo pensaba que la forma de pagar eso era siendo ingeniero. Nunca me dijeron “estudia Ingeniería”, pero yo tenía un primo, ingeniero industrial, que trabajaba en la banca y tenía la casa más linda, el carro más lindo, las mejores vacaciones, entonces era mi modelo y pensaba si él estudió eso y es así de exitoso, pues allá voy yo.

El ‘Instagrammer’ de raíces santandereanas

¿Cuándo se dio cuenta que no era lo suyo?

Si uno no está contento con algo lo tiene que cambiar y yo estaba llevando una vida que no me gustaba, no tenía tiempo con mi familia ni conmigo. Me perdí muchos eventos familiares, me perdí un cumpleaños de mi papá por estar trabajando. Mi jefe me dijo que yo no era el dueño de mi tiempo y ahí me di cuenta que estaba en el lugar equivocado. Estaba ahorrando para hacer una maestría en Estados Unidos, pero me dije quiero seguir mi sueño que es viajar y me gasté toda la plata en una vuelta al mundo que duró 754 días.

¿Cómo empezó y cómo terminó el viaje?

En Etiopía inició. Era por un año, tenía un tiquete que se llama Vuelta al mundo, pero la restricción es que se tiene que completar en un año. Yo llevaba ocho meses de viaje, estaba en Australia, rodeado de gente con muy buena vibra, nada de celulares o Internet, y pensé: estoy contento, me queda algo de plata, no me devuelvo a Colombia hasta que no me quede un peso.

Perdí mi tiquete de regreso y seguí viajando por un año más. Ya cuando estaba en Nicaragua, al final del viaje, en el papel de Migración puse en profesión escritor en vez de ingeniero, y a las dos semanas me escribió el editor de la Revista Avianca diciendo que después de dos años de mandarle correos, ya le gustaba cómo escribía y me daba la bienvenida a la aerolínea.

¿Cómo fue eso? ¿Durante los viajes le mandaba textos a la revista?

Antes de empezar el viaje logro una reunión con el editor de la Revista Avianca, le muestro un artículo y él me dice que escribo como ingeniero, que no logro expresar nada.

Pero el que persevera alcanza, y desde que empezó el viaje cada tres días le mandaba un correo. Nunca me respondió hasta dos años después. Cuando empecé a escribir para Avianca fue el día más feliz de mi vida, porque me empezaron a pagar por hacer lo que me gusta. Me pagaron 1.000 dólares por ocho fotos y un artículo de 6.000 caracteres que se llamó “Espejo gigante en territorio panda”, el lugar donde viven los osos pandas en China.

¿Ahí empezó también todo el tema de Instagram?

Gracias a lo que escribía en Avianca, Instagram empezó a crecer. Hace cinco años esto era un mercado muy virgen, no había ‘instagrammers’ en Colombia, yo documentaba mis viajes en Facebook, daba tips, pero un amigo me recomendó Instagram. Empecé a mostrar la vuelta al mundo por ahí, a la gente le gustó, comenzaron a llegar marcas, patrocinadores, y ahí me di cuenta que podía ganarme la vida en esto.

El ‘Instagrammer’ de raíces santandereanas

¿Cómo es la vida de un ‘Instagrammer’?

Desde mis gafas hasta mis medias son patrocinadas. Hay marcas que me pagan por usar sus productos, por ser su imagen. Un agente de inmigración me dijo una vez que si yo era una valla andante y le dije que sí. Así es que me gano la vida. Siempre es muy movido, no hay días iguales, yo no sé cuando es lunes, jueves o miércoles. Sé la fecha en que tengo vuelo, pero no qué día es. Estoy casi siempre en un avión y en diferentes partes del mundo, rodeado de gente con buena vibra, porque es la gente que está de vacaciones. Ya este año estuve en todos los continentes, el año pasado también.

¿Cómo maneja los mensajes de los seguidores, los buenos y los malos?

De mil mensajes que recibo, uno o dos son ‘haters’. Que mi voz es asquerosa, que soy hijo de papi y mami, etc. Pero en general recibo muchos mensajes muy lindos, me piden ayuda, hacen preguntas de los lugares, me agradecen. Trato de responder todo, pero me llegan 1.500 mensajes diarios.

¿Qué ha sido lo más difícil?

Uno de los sacrificios de este trabajo es la familia, los amigos y la pareja. Es difícil, trato de estar en Navidad y Año Nuevo con ellos, tratamos de viajar, pero es difícil porque no siempre se puede.

¿Algunas recomendaciones para los viajeros?

Preguntar y quitarse el miedo de hablar con la gente. La gente en el mundo es buena onda, hay que confiar y estar abierto a que las cosas pasen. Guardar muy bien el pasaporte, porque donde se pierda es muy cansón todo el papeleo, y tener un buen seguro de viaje.

¿Cuáles son los lugares imperdibles de Colombia y Santander?

En Colombia, Providencia, Guaviare, Malpelo, Vichada y Nuquí. De Santander, Oiba, ‘rafting’ en San Gil, Barichara, el jugo de guanábana de la plaza del Socorro y Girón.

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