miércoles 13 de enero de 2021 - 12:00 AM

Nadie sabe que indigestó a los sangileños

Hasta las 10:00 de la noche del sábado todo parecía normal en el servicio de urgencias del Hospital Regional de San Gil. A esa hora llegó el primer paciente con los síntomas y al mediodía del domingo sumaban 120.
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La dieta que usualmente las familias sangileñas comparten el fin de semana de ‘Reyes’, con los tradicionales mute, sancocho y pepitoria, esta vez tuvo que ser cambiada para muchos por una llena de sueros y medicamentos para contrarrestar la diarrea y el vómito que los mandó al hospital.

Hasta las 10:00 de la noche del sábado todo parecía normal en el servicio de urgencias del Hospital Regional de San Gil. Sin gente en la calle por las restricciones y la lluvia intermitente de todo el fin de semana, parecía que la demanda de servicios no iba a ser muy alta.

Todo cambió cuando llegó un paciente con claros síntomas estomacales. Después del primero, fueron llegando uno tras otro. Al mediodía del domingo, 14 horas después del primer caso, se habían atendido 120 personas con la misma sintomatología. En la Clínica Santa Cruz de la Loma la situación no era diferente y el número de pacientes llegó a 50.

Para ese momento ya el tema estaba en boca de todos y los mensajes en las redes sociales con suposiciones empezaron a rodar. En ellos se alertaba por la contaminación del agua que estaría enfermando a todos, la escasez de sueros y demás medicinas en las farmacias locales y del colapso de atención en los servicios de urgencias de los centros médicos más importantes de la región (hospital y clínica).

Así terminó el domingo y empezó el lunes, pero ya la dinámica en los servicios médicos había disminuido. Javier Acelas, subdirector científico del Hospital Regional de San Gil, indicó ayer que en ningún momento el servicio colapsó y en todo momento la institución respondió a las necesidades de la comunidad.

Ya con los servicios normalizados en la mañana del martes, con algunos pacientes llegando con los mismos problemas médicos, el hospital sumaba 150 personas atendidas, cuatro de ellas dejadas en observación. El resto de pacientes (146) fueron enviados a casa con medicamentos e indicaciones para manejo ambulatorio.

En la Clínica Santa Cruz de la Loma el número de enfermos fue de 74 durante el fin de semana.

Sin embargo, los especialistas en salud consultados creen que el número de enfermos es mucho mayor porque no todas las personas se acercan a urgencias por estos casos y más ahora cuando el COVID-19 hace que la gente lo piense dos veces antes de ir a un servicio de salud.

No avisaba

La diarrea y el vómito llegaron de improviso, comentó Gerson Acevedo. Él no se enfermó, pero vio como uno en uno los miembros de su familia salían corriendo para el baño y luego a la cama, por el desaliento.

La primera fue su sobrina, una niña. Luego, sus papás, dos personas mayores de 50 años. No fueron al médico y duraron todo el domingo encamados, tratándose con agua como manzanilla y albahaca.

¿Qué los enfermó? Es la pregunta que se hacen. La única explicación para ellos es el agua de la limonada que estaba sin hervir, porque los alimentos eran frescos y fueron debidamente preparados. La carne no parecía estar en mal estado y la compraron donde siempre.

Buenas ventas

Mientras los dolores estomacales aumentaban, las ventas de las farmacias y las tiendas crecían de forma nunca antes vista. Javier Cardozo, administrador de la Droguería Central, una de las más representativas de este mercado en San Gil, dijo que entre domingo y lunes hizo las ventas de suero programadas para un mes. Ayer esperaba la llegada de más producto porque literalmente le acabaron con todo y eso era algo que en “50 años de trabajo no había presenciado”.

Los otros productos con demanda y agotados en algunos establecimientos fueron: loperamida, enterogermina y esmecta, un coctel por el que todos llegaban con dosis para varias personas.

Fredy Silva, trabajador en una droguería durante 8 años, aseguró que en el tiempo que lleva despachando fórmulas médicas es la primera vez que ve una situación de estas.

En la plaza de mercado, Luis Parra, vendedor de plantas aromáticas, también terminó el domingo con la existencia de hierbabuena, manzanilla y curayá, plantas que como él dice “son benditas” para la indigestión.

¿qué los enfermó?
Las autoridades de salud se reunieron ayer en una Sala Situacional citada por el Instituto Nacional de Salud para buscar las respuestas.
Ante los señalamientos por el agua desde Acuasan, el gerente, Luis Francisco Ruiz, asegura que el agua es de calidad y semanalmente se hacen pruebas para garantizarla.
Por ahora, para descartar cualquier implicación por mala calidad de agua se tomaron muestras del líquido en coordinación con Acuasan y el Grupo de Gestión Integral en Salud Ambiental de la Gobernación de Santander. Las muestras se lograron en tres puntos de viviendas de personas en los sectores de Porvenir 2, Portal de la Cruz y Sagrada Familia. Además de otro en un punto de distribución del acueducto. Las muestras fueron enviadas al Laboratorio Departamental de Salud Pública y se está a la espera de los resultados.
Mientras el comité de salud pública encuentra de donde vino la enfermedad, queda claro que esta no hace parte de los casos que se presentan cada año y que tiene sus picos normales en los primeros meses del año.
Javier Acelas, subdirector científico del Hospital Regional de San Gil, en un primer análisis a los pruebas de laboratorio indicó que se trataría de una enfermedad bacteriana, es decir, que estaría en alimentos o bebidas, pero esta apenas es una hipótesis.
Las cifras indican que en San Gil, por vómito y diarrea, en 2017 hubo 600 casos, en 2018 bajó a 491, en 2019 llegó a 707 y en 2020 986. En el reciente fin de semana fueron 224 casos.
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