miércoles 20 de mayo de 2020 - 12:00 AM

No ha sido el mejor año para el negocio de la hormiga culona

La falta de lluvias en algunas zonas para que su salida se dé con la misma frecuencia que otros años y las dificultades de movilización para ir a cazarlas, se convirtieron en los principales inconvenientes.
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El olor de las hormigas culonas cuando se están tostando, su sabor único y la sensación crocante en el paladar, son sensaciones que este año muchos habitantes del Sur de Santander y turistas se quedaron esperando. Por lo menos hasta ahora.

La falta de lluvias en algunas zonas para que su salida se dé con la misma frecuencia que otros años y las dificultades de movilización para ir a cazarlas y después venderlas en los principales puntos mayoristas, se convirtieron en los principales inconvenientes para que estos exóticos animales llegarán hasta los platos de los que cada año los esperan con ansias.

Ayer, la esquina de la carrera 11 con calle 10 en San Gil, justo en el cruce con la vía nacional, permanecía sin vendedores de hormigas, justo después de un fin de semana en donde se presentó salida de ellas en varios municipios de las provincias Guanentina y Comunera: Mogotes, Valle de San José, Charalá, Palmas del Socorro, Guadalupe y Guapotá, algunos de ellos.

Normalmente debería estar lleno de vendedores, dijo Cecilia Ardila, propietaria de una tienda en este lugar, que desde hace varios años se dedica a la venta de esta especie y hasta donde llegan mayoristas a esperar a los campesinos.

-Mire- dice, señalando un estante de vidrio donde las culonas brillan por su ausencia. “No tengo nada”, corroboró esta mujer que cada año comercializa 800 libras y en 2020 no ha podido iniciar.

Los campesinos no están bajando, pero hormigas culonas sí han salido. Esto lo confirma Carmen Aydé Romero, empresaria con una bodega de café que desde hace 20 años comercia estos animales que le suministran los mismos productores cafeteros.

Romero, una de las principales negociadoras de hormigas culonas, explicó que hay varias razones para que el suministro de esta especie haya mermado tanto. Hay pocos turistas y muchos problemas de movilización, el precio es más bajo y para los campesinos no está siendo tan rentable, destacó la empresaria.

Cada año, Romero, que heredó esta actividad de su padre, alcanza a comercializar entre 1.500 y 1.800 libras, algunas en el exterior. En 2020 la cifra apenas llega a las 300 libras.

Roberto Miranda fue uno de los campesinos que este último fin de semana salió en busca de la que se espera sea una de las últimas salidas de hormigas culonas del año. “Los hormigueros no son lo mismo que antes”, dijo este hombre que entre las 3:00 de la mañana y las 3:00 de la tarde del domingo, cogió dos libras. Una libra la dejó en la casa para la familia y la otra la vendió en el Socorro. Recibió $40.000 por su producido, alcanzado en 12 horas de trabajo.

Carlos Bayona, uno de los principales referentes de este negocio en el Socorro con 35 años de experiencia, dijo que este año a la falta de agua se está sumando que en algunos pueblos ni siquiera pueden salir a cogerlas por el aislamiento obligatorio.

Las restricciones

Carlos Torres Bareño, mayor y comandante del Primer Distrito de Policía de San Gil, explicó que las personas no pueden ir a coger hormigas culonas si no pertenecen a una empresa o finca que se dedique a esta actividad.

Alexander Olarte dijo que este año salió a coger culonas y la policía “lo corrió” de un lugar cerca al aeropuerto de San Gil.

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